Etimologías mestizas, por Santiago Delgado

– ¿No irá usted a decir que Percheles viene de percha?
-Pues sí, señor, que lo digo. Y me quedo tan pancho.
-A ver qué se inventa.
-En primer lugar, decirnos a los toponimistas que inventamos no es ningún improperio, ni desafuero alguno. Si no fuera por la invención, ya estarían muchos de ustedes protestando por eso.
-No, si ya veo: es usted capaz de decirnos que percheles viene de percha. Que, además de inventoreros, son ustedes también un poco vagos.
-Pues me vuelvo a quedar tan pancho, ¿sabe?
-A ver…
-El perchel es la barra de donde se cuelgan las perchas ¿Lo pilla?
-O sea, la barra del armario.
-Y de muchas cosas más: en la caza, en la artillería y en varios ámbitos muy pertinentes, sea directa o metafóricamente.

-¿Y dónde está Los Percheles en la Región?
-Pues cabe la mar, entre Mazarrón y Puntas de Calnegre. Un sitio magnífico.
-¿Y qué, allí hay una fábrica de perchas?
-Deberían de multarle por la mala calidad de su ingenio, aunque sea destilado por causa de mala leche, insania llamada por lo fino. No, no hay una fábrica de perchas. No.
-Entonces, ¿qué es lo que hay?
-Pues muchos percheles, sostenidos por bastidores, para colgar, no perchas, sino pulpos, pescado para salazones y todo lo que haya que poner a secar al salado viento de la mar. De la barra de las perchas colgadas de los percheles, se cuelgan a su vez, o se colgaban, los pulpos frescos, calamares y otras delicias gastronómicas que luego los desocupados como usted degustaban en la barra de los bares.
-¿Se sigue haciendo hoy, jefe?
-No sé, iré un día de estos a verlo. Por cierto, el fulano que añadió a las perchas un gancho en la parte alta fue el famoso esclavista Thomas Jefferson, luego presidente de USA. Un fulano que vendía a los hijos que tenía con las esclavas, como esclavos exactamente. Hale, ya está.

