Ombligos

Pinceladas, por Zacarías Cerezo

Hombre de Vitrubio, según Leonardo da Vinci. Por Zacarías Cerezo.

Mirarse el ombligo y complacerse con ello se denomina con el extraño nombre de onfaloscopia. Socialmente está mal considerado porque es sinónimo de egocentrismo, lo cual no quiere decir que no sea una de las ocupaciones más comunes de nuestra sociedad: instagrammers y demás especímenes. Pero hubo una secta cristiana oriental, la de los hesicastas, que pasaban horas, incluso días, mirándose el ombligo mientras repetían el nombre de Dios para conseguir la iluminación y la comunión con Él.

Para el arquitecto romano Marco Vitrubio, que estudió las dimensiones de cada parte del cuerpo y su relación con el todo, “el ombligo es el centro natural del cuerpo”. Luego, Leonardo da Vinci recogió sus teorías en un dibujo, el llamado Hombre de Vitrubio, que es la figura de un hombre con los brazos abiertos que si girara sobre su propio ombligo trazaría un círculo perfecto. Para pintores y escultores, que debemos saber algo de anatomía, es importante situar correctamente el ombligo: por debajo de la cintura el de la mujer, por encima o a su altura el del hombre. Pero las dudas, casi conceptuales, para muchos artistas a lo largo de la historia han surgido al representar a Adán y Eva, sobre todo en tiempos en que los textos sagrados se tomaban al pie de la letra. Como todo el mundo sabe —excepto las nuevas generaciones, que no encuentran sustancia más allá de los algoritmos y de la IA—, Dios cogió barro y modeló el cuerpo de Adán. Luego, tras soplar sobre él y darle vida, observó lo solo que estaba y, arrancándole una costilla, creó a Eva para que juntos disfrutaran del Paraíso, procrearan y, eventualmente, discutieran. Por tanto, nuestros Primeros Padres no estuvieron ligados a un vientre por cordón umbilical y no tuvieron ombligo. Esto llevó a algunos artistas a pintarlos sin ombligo por el miedo a incurrir en herejía, pero Miguel Ángel Buonarotti, que difícilmente se sometía a la autoridad eclesiástica, pintó en la Capilla Sixtina ombligos no solo a Adán y Eva sino también al Creador. Doble herejía para los más estrictos, pero no exenta de lógica. Si a Adán, que fue “creado a imagen y semejanza de Dios”, le pones ombligo, también este debe tenerlo. Sin embargo, Miguel Ángel creó así otra controversia, ya que pintar ombligo al Creador es como sugerir que tuvo cordón umbilical y, por tanto, fue creado, ¿por quién?

Al parecer, la más bella expresión de un ombligo está reproducida en los tortellini italianos, gracias al buen hacer de un posadero que, tras ver desnuda a Venus a través de una cerradura, se enamoró de su ombligo y trabajó y moldeó la pasta hasta conseguir reproducirlo, dando lugar a los famosos ombelico di Venere, u «ombligo de Venus».

“Poco se habla del ombligo para lo importante que es”, debió pensar el doctor Karl Kruszelnicki, de la Universidad de Sidney que, en 2001, tras once años de investigación, consiguió el premio Ig Nobel —una parodia de los Nobel que reconocen a los científicos que primero hacen reír y luego, pensar—. El premiado había investigado la pelusa que se forma en la oquedad del ombligo humano, llegando a la conclusión de que está compuesta por fibras sobrantes de la ropa, mezcladas con piel muerta y algo de vello; las mujeres producen menos pelusa porque su bello es más fino. 

Hay algunas personas que no tienen ombligo —se ahorran la pelusa—. Tal es el caso de Karolina Kurkova, una de las modelos más famosas de Victoria’s Secret, o del fallecido Alfred Hitchcock. Ambos lo perdieron tras sendas intervenciones quirúrgicas. Y habrá muchas más, seguro, lo cual no les impide practicar la onfaloscopia, que perder el ombligo no implica perder el egocentrismo y autocomplacencia: vamos sobrados. 

Zacarías Cerezo.

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