Los siglos de oro en Murcia

Huellas de nuestro pasado, por Joaquín Pérez Egea

Castillo de la Concepción de Cartagena. Imagen de 1868.

Tenemos el honor de contar con la participación de José Javier Ruiz Ibáñez, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Murcia, prolífico escritor y pensador, especialista en Historia política y en la proyección de la Monarquía Hispánica más allá de sus fronteras. Nos acompañará en este número de “Huellas de nuestro pasado” y en el siguiente.

¿Por qué se produjeron tantas revueltas en las primeras décadas del siglo XVI?

Los Reyes Católicos consiguieron, tras una serie de guerras civiles, consolidar un poder que redistribuía justicia y repartía estatutos sociales. Esto funciona bien si está claro quién es el rey, pero la crisis de legitimidad de la monarquía, tras la muerte de la reina Isabel, hizo que muchos pensasen que podían volver a los tiempos de la Baja Edad Media, en los que primaba la violencia, y así se generaron conflictos locales de orden gremial, cercanos al modelo italiano, como en Valencia y Cartagena, y de carácter político, como en Murcia. Fue un momento de inestabilidad muy largo, desde 1504 hasta 1526, que se puede llamar Comunidades, Germanías o conflictos dinásticos, pero básicamente se trató de un reajuste, para recuperar una legitimidad.

¿Cómo se desarrollaron las Comunidades en el Reino de Murcia?

Los Reyes Católicos anularon de forma definitiva a los Fajardos como grandes señores territoriales, recuperando Cartagena para la monarquía, con lo que se consolidó el poder real a través de un patriciado local que en parte era autóctono y en parte servidores de los reyes y que consiguió ser reconocido como si fuera una élite atemporal por Carlos V. Para hacerse perdonar que poco antes habían desconocido la autoridad del rey y para justificar su posición, se inventaron el hecho de que la revuelta había sido solo popular y se implicaron en serio en la guerra civil que había en Valencia, participando activamente en la represión de las Germanías, con el Marqués de los Vélez dirigiendo el ejército de la ciudad de Murcia que saqueó Orihuela y otras ciudades. Sin olvidar que eso les beneficiaba económicamente.

¿Las élites locales se consolidaron en este periodo?

Esa es una de las ficciones que tenemos que abandonar: no se puede ver la Historia como un conflicto entre élites y pueblos, ese sería un planteamiento muy simplista en el estilo de los liberales del siglo XIX. Las élites, que nunca son estables y siempre están afectadas por movilidad social, se reinventaron. En toda guerra civil hay ganadores y perdedores y esto permitió que gentes de reciente ascenso social inventaran linajes que se remontaban hasta don Pelayo o, si era preciso, hasta Osiris, príncipe egipcio, o, ya puestos, al oso que se comió a Favila, para justificar su carácter eminente. Pero a diferencia del siglo XV, cuando dominaban los más fuertes, en el XVI y el XVII la posición de poder necesitaba el reconocimiento de los reyes. Los “Discursos Históricos” de F. Cascales son un ejemplo muy claro de cómo se buscaba una justificación linajuda.

"Se inventaron el hecho de que la revuelta había sido solo popular y se implicaron en serio en la guerra civil que había en Valencia"

¿Qué papel jugó la Iglesia?

Simplificando se puede decir que la justicia, el elemento central del Antiguo Testamento, y que la gracia, el elemento central del Nuevo Testamento: son propiedad de Dios y dado que el rey es el vice Dios, su gobierno nace de ahí y eso define las funciones del rey y las funciones de la sociedad. La caridad, que la gente no se muera de hambre, era función de todos y debía ser liderada por el rey y ejercida por la Iglesia. Esto dio lugar a un clero muy potente, que mantenía gran parte del sistema asistencial y educativo de la monarquía, con los hospitales, los colegios y la beneficencia. El sistema era muy estable y así se explica la duración de lo que en el siglo XIX se va a definir con el término “antiguo régimen”, porque en ese mundo desigual, injusto, esclavista y jurídicamente privilegiado, cada uno ocupaba su lugar, pero contaba con sus privilegios y se desplegaban unos muy potentes sistemas de asistencia.

También se produjo una patrimonialización de los cargos y los privilegios.

Los patriciados locales afirmaban hablar en nombre del pueblo, pero en no pocas ocasiones utilizaban esta posición para promocionarse. Así, cuando concedían en nombre de la ciudad o el reino dinero al soberano exigían compensaciones para ellos. Pero hay que esperar hasta principios del siglo XVII, en el reinado de Felipe III, para que estos cargos y oficios se patrimonialicen completamente, se perpetúen y vinculen, en el seno de las familias.

"En el XVI y el XVII la posición de poder necesitaba el reconocimiento de los reyes"

Después de las revueltas hubo un periodo de crecimiento económico

En el Reino de Murcia este crecimiento se apoyó en la producción de materias primas exportables, basada sobre todo en la seda que, aunque no desarrolló textiles, era rentable y generaba muchísimo dinero. La economía castellana creció de manera sostenida hasta la década de 1570, pero la economía murciana siguió creciendo mucho hasta la década de 1620. La historiografía ha llegado al consenso de que fueron los costes imperiales los que le partieron la espalda a la economía castellana. Había potentes dinámicas capitalistas, solo que la fiscalidad necesaria para conseguir dinero para las guerras imperiales las descapitalizó, premiando el rentismo.

"Los patriciados locales afirmaban hablar en nombre del pueblo, pero en no pocas ocasiones utilizaban esta posición para promocionarse"

¿Cómo se planteaba la defensa interna?

En Cartagena había 33 soldados defendiendo el castillo. Entonces ¿qué sucedía cuando Cartagena era amenazada? que los vecinos de Cartagena cogían sus armas y los vecinos de Murcia y de otras ciudades cogían las suyas e iban en su ayuda. Claro, estamos hablando de sociedades muy armadas, de sociedades muy organizadas y de sociedades donde el rey no podía imponerse, más allá de que las acciones de fuerza se hacían bajo su autoridad. Por ejemplo, en Murcia había dos compañías semiprofesionales, más las compañías que se organizaban en las once parroquias; todos ellos se reunían en Santa Catalina y el corregidor o el adelantado, como representantes del rey, los convertían en una fuerza militar que salía de la ciudad con la bandera real. La ciudad tenía la obligación de pagarles durante tres días, pero después dependían directamente del rey.

Portada de los “Discursos Históricos” de F. Cascales.

¿Qué implicaciones políticas tenían estas milicias?

Era un discurso republicano, de ciudadanos con derechos, como desde la época de los atenienses y los espartanos. Evidentemente eso hace que a la hora de extorsionar a la población con impuestos hay que establecer límites, porque si esa población se subleva, ¿quién la controla? Era un acuerdo, era un espacio constitucional donde se reconocían derechos a los vecinos, porque tenían armas. Esto ocurría en Murcia y en todas las fronteras.

"En Murcia había dos compañías semiprofesionales, más las compañías que se organizaban en las once parroquias"

Los lectores que deseen conocer bien los siglos XVI y XVII ¿dónde pueden recurrir?

El libro de 1622 de Alonso Enríquez, escribano mayor del Ayuntamiento de Murcia, en el que narra las exequias de Felipe III y las fiestas de proclamación de Felipe IV, es la mejor descripción de la ciudad en el siglo XVII. Son lecturas muy recomendables la colección “Historia de la Región Murciana”, publicada por Ediciones Mediterráneo en 1980 y coordinada, entre otros, por F. Chacón, “El proceso de modernización de la Región Murciana (siglos XVI-XIX)” de M. T. Pérez Picazo y G. Lemeunier, de 1984, y yo mismo publiqué en 1995 “Las dos caras de Jano: monarquía, ciudad e individuo. Murcia, 1588-1648”. Sin olvidar las reediciones recientes de los libros de Ginés de Rocamora y Torrano, y de F. Cascales, o el volumen de J. Muñoz Rodríguez “La Séptima Corona” sobre la guerra de Sucesión.

También pueden pasear por los espacios de las milicias en Murcia, entender dónde estaban las murallas, la arquitectura de estos siglos y cómo se organizaba la ciudad. Y los días 7 y 8 de diciembre deben ir a Yecla, la verdadera capital de las milicias, porque el ritual festivo de las fiestas de la Inmaculada Concepción, con el disparo de arcabuces, sigue siendo el ritual de las milicias urbanas del siglo XVI. Es una joya impresionante y uno de los patrimonios más importantes que tenemos en España.

José Javier Ruiz Ibáñez. historiador especialista en historia política de los siglos XVI y XVII, profesor en la Universidad de Murcia, ha trabajado sobre la ciudad en el siglo XVI, la construcción de la Monarquías Hispánica, las Milicias, la Inmaculada Concepción, el cautiverio, la religión de los tercios y la Hispanofilia. Acaba de publicar su Non auro sed ferro. La gloria del ocaso de la hegemonía hispánica a finales del siglo XVI en el Norte de Francia.

Joaquín Pérez Egea
Joaquín Pérez Egea

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