“VIVO EN LA CASA EN LA QUE DESEO VIVIR”

ESTRENAMOS NUEVA SECCIÓN EN LA QUE VISITAMOS ALGUNOS HOGARES DE LOS SOCIOS DEL REAL CASINO DE MURCIA. EL ESCULTOR MARIANO GONZÁLEZ BELTRÁN ES EL PRIMERO EN ABRIRNOS LAS PUERTAS DE SU VIVIENDA, QUE NOS SEDUCE POR EL ESTILO DE SU DECORACIÓN Y LA EXUBERANCIA DE SU JARDÍN

Por Elena García. Fotografías: Ana Bernal. (Colabora: Isabel García Precioso)
En una antigua urbanización de las Torres de Cotillas, a tan solo diez minutos en coche del centro de Murcia, Mariano González Beltrán decidió instalarse hace más de 40 años. Allí levantó su casa y su estudio, donde da vida a las hermosas esculturas que han vestido de arte en varias ocasiones las Galerías del Real Casino, y donde imaginó el imponente Ícaro que abraza al visitante desde la Exedra de la entidad.

Mariano abre las puertas de su casa a RCMAGAZINE y nos invita a pasar al salón y sentarnos frente a la chimenea. “Me gusta tenerla encendida durante el invierno, es muy agradable”, comenta. El salón es cálido y acogedor. Se observan algunas de sus esculturas y las de otros artistas, así como numerosos cuadros y recuerdos de sus viajes por los cinco continentes. “He recorrido buena parte del mundo: Brasil, la India, Suramércia, Egipto, Birmania, China, Nepal, Irán… También Europa y el norte de África”. Le apasiona viajar y descubrir otras culturas, pero tras un largo viaje para él siempre es un placer regresar a casa.


 “No me imagino viviendo en otro sitio, no sería capaz cambiar de entorno, esta es mi casa para el resto de mi vida”


Accedemos a su estudio a través de un pasillo, donde además de numerosos libros y algunos objetos, nos agrada encontrar un buen número de ejemplares de RCMAGAZINE. Sorprende la pulcritud del estudio, alto y diáfano, y contrasta con la idea un tanto caótica que se suele tener de un taller de esculturas. “Me gusta verlo ordenado; el desorden me ataca los nervios”, declara con sinceridad. Maternidades, dioses del Olimpo, una figura del torero Pepe Liria a tamaño real y otras piezas del escultor se alzan alrededor de la sala. La luz entra por los grandes ventanales. Este es su templo, su lugar de trabajo y de esfuerzo, de inspiración y creación artística.

Al igual que en el interior de la casa, el jardín está salpicado de esculturas que se funden con la abundante vegetación. Llama la atención el estanque de nenúfares, rodeado de cactus monumentales y de caña de bambú, que le aporta un toque exótico. “En primavera y verano nos regala unas flores maravillosas”, cuenta Mariano. “También está lleno de ranas, que a veces montan un auténtico escándalo”, agrega. A pesar de la belleza del jardín, el escultor lamenta que hayamos escogido esta época del año para la visita -las fotografías se tomaron a mediados de febrero-, porque es la de menor floración. Imaginamos, por tanto, que si en pleno invierno tiene un aspecto tan apetecible, en primavera debe ser un auténtico edén.


“En primavera y verano el estanque de nenúfares nos regala unas flores maravillosas”


La zona de la piscina invita a la relajación y al disfrute. El porche de columnas blancas, que aporta la ansiada sombra en los meses más calurosos, es el lugar ideal para reunirse con la familia. “Cuando llega el buen tiempo es lo que más se disfruta”, asegura Mariano, cuya fama de buen anfitrión es conocida entre sus allegados. “Dicen que aquí saben cuándo entran pero no cuando salen”, comenta con humor. El azul de la piscina, el sonido de la pequeña cascada, el verdor de las plantas y el estilo decorativo crean un ambiente envolvente que abstrae de los avatares de la vida cotidiana y evoca la calma.

Entre palmeras y jacarandas, Mariano nos cuenta que en su casa se siente feliz. “Soy muy casero, cuando estoy aquí me siento bien, mi hogar me da tranquilidad y jamás me aburro”, reconoce. Cada mañana, cuando se levanta, pasea por el jardín y observa la naturaleza que con tanto cariño ha regado. “Las casas las hacen las personas que las habitan; yo imaginé y diseñé esta casa hace 44 años y la he ido adaptando a mis gustos y necesidades”, relata.

Mariano González Beltrán y Pedro Martínez Navarro.

Familia del escultor.

De nuevo frente a la chimenea, rodeado de su familia, nos agasaja con café, té y galletas, y nos reconoce que es la primera vez abre las puertas de su casa para que se tomen y publiquen fotografías. Mariano González Beltrán valora y guarda su intimidad, y por ello le agrademos con intensidad su confianza y que nos haya mostrado con tanta amabilidad cada detalle. “Es la casa donde deseo vivir”, nos desvela, con satisfacción y con orgullo. “No me imagino viviendo en otro sitio, no sería capaz cambiar de entorno, esta es mi casa para el resto de mi vida”, revela el aclamado y afable escultor.


Elena García.

Ana Bernal.

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