TRAPERÍA: Una calle con mucha historia

Se cumplen 750 años de la construcción de la popular y céntrica Trapería.

Por Loreto López.

Numerosos actos conmemoran este año el 750 aniversario de la constitución del Concejo de Murcia; fue un 14 de mayo de 1266, de manos de Alfonso X el Sabio. Apenas tres meses antes su suegro, el rey Jaime I, había reconquistado la ciudad e inmediatamente ordenado la partición de esta con un muro, quedando la frontera entre la población musulmana, asentada a poniente, y la cristiana al este de la misma. El muro fue trazado en línea recta de sur a norte, pues al sur se encontraba la gran mezquita Aljama, que ahora es nuestra Catedral de Santa María, y al norte la puerta de la muralla hacia el Alcázar Saguir, el actual convento de Santa Clara.

Trapería c.1900Solo cuatro meses más tarde, el 5 de junio de ese mismo año, cuando Alfonso X toma el control del reino de Murcia, elimina ese muro y, podríamos decir, que se realiza una de las primeras reformas urbanas en la ciudad cristiana de la que tenemos constancia, la apertura de una calle recta, comunicando este lugar principal con la puerta norte de entrada a la medina; convirtiendo la vía en centro neurálgico y comercial de la ciudad. Así fue el nacimiento de nuestra tan querida calle Trapería y de este modo también podemos celebrar sus 750 años de vida.

Decía así Alfonso X en relación con nuestra calle: “que los cristianos vendan los paños de Francia y las tiendas de los cambios de monedas y la pellejería sean en aquella calle donde el rey de Aragón hizo derribar las casas, de Santa María hasta el muro de la ciudad”.

Y la que en principio se conoció como calle Pellejería, por la abundancia de tales comercios, pronto se vio sustituida por la instalación fundamentalmente de los mercaderes de tejidos, llamándola ya como de Trapería. Aunque no siempre ha tenido este nombre, a pesar de que para el murciano nunca lo haya perdido. Fue llamada del Príncipe Alfonso, cuando en 1862, con apenas cinco años, acompañó el que sería Alfonso XII a su madre la reina Isabel II en su visita a Murcia; más tarde, y por menos aún, del Teniente Fermín Galán con la II República, desde 1931 hasta el 39, luego de José Antonio Primo de Rivera, e incluso como Gran Vía Central, que hasta parece una broma teniendo en cuenta su moderado tamaño.

Desde antaño y tradicionalmente en el comercio murciano participaron mercaderes de tierras lejanas, genoveses, malteses o catalanes, por ello en una hornacina en el cruce denominado de Las Cuatro Esquinas la imagen de San Cristóbal, protector de los viajes, permaneció hasta el s.XIX.

Pero lógicamente en esa importante y céntrica arteria, además del comercio, se asentaron desde su creación algunas de las importantes familias, cuyas casas-palacios hoy se echan de menos, la más celebrada de ellas la de Celdrán, de bellísima fachada renacentista que fue el asombro de los transeúntes, cuya réplica puede verse en el Pueblo Español de Barcelona; el barroco palacio del I marqués de Beniel, D. Gil Francisco, sustituyendo la casona de sus antepasados los Junterón, que con el tiempo se transformaría en fonda para viajeros y a finales del XIX en el Hotel Patrón, justo frente a la fachada de nuestro Casino; o el palacio de los marqueses de Almodóvar, en la confluencia de la calle con la actual plaza de Santo Domingo, de la que se conserva la gran fachada, con sus amenazantes salvajes heráldicos flanqueando el acceso.

Las lamentables pérdidas se vieron sustituidas por otros edificios, que continuaron dignificando nuestra castiza calle, en una constante renovación que llega hasta nuestros días con buenos ejemplos de la arquitectura de finales del s.XIX y las primeras décadas del XX, el cierto modernismo del edificio de la Alegría de la Huerta, nombre del prestigioso comercio que aún perdura en la memoria de los murcianos maduros, el coqueto de la Sociedad de Cazadores y, destacando entre todos, el Real Casino.

Desde la fundación de la Sociedad del Casino en 1847, en la cercana calle Lucas, se anhelaba conseguir la salida a la calle más transitada de la ciudad, la más viva, la Trapería. Como del Príncipe Alfonso llego finalmente a formar parte de ella; un lluvioso 8 de marzo de 1899, cuando derribaron los viejos edificios adquiridos para la ampliación iniciándose las obras de la fachada, apenas tres días después una inundación, de las tantas que nuestra calle ha vivido, anegaría la ciudad.

Fachada del Palacio de Celdrán c. 1872

Pero lo que caracteriza esta calle, es el palpitar de su humanidad, autóctona y visitante. Ya lo decía el periodista Carrascoy, en el Diario Murciano de 1904: “El mentidero de Murcia, por decirlo así, es la Trapería. Desde el Casino a las Cuatro Esquinas circulan todos los que leen, los que saben algo…”, pues tempranamente peatonalizada, en 1902, era como el salón donde se cruzaban las vidas de toda la población.

Testigo de la historia de la ciudad, no ha habido acontecimiento festivo que no haya transcurrido por ella. De tener memoria, quizá aún recordaría cuando fue invadida por los primeros “turistas”, procedentes de Madrid, que llegaron en 1899 en el “Tren Botijo”, que había sido fletado para asistir a las Fiestas de Primavera por la murcianía residente en la capital de España; en esta pequeña ciudad, que a principios del s.XX contaba con no más de 32.000 vecinos, la presencia de unos 750 visitantes en los festejos primaverales suponemos que sería muy notoria y la Trapería, como su calle principal, se vería absolutamente colapsada de paseantes ávidos del disfrute.
Va llegando el calor y esa luz tan potente que devora las líneas del paisaje de esta Murcia nuestra, los días van alargando, y hoy amanece radiante esta calle tan querida por todos los murcianos.

LORETO

Loreto López. Restauradora.

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