TE VOY A «BLOKEAR»

HISTORIAS DE UN SOLTERO DESENCANTADO. Por José Antonio Martínez-Abarca.
Woody Allen decía en una de sus películas que las dos palabras más bonitas que existen del lenguaje humano no son «te quiero», sino «es benigno» (cuando sales del médico). Mi admirado amigo el doctor Ripoll hizo una aportación genial y me dijo una vez que las dos palabras más bonitas que existen no son «es benigno» sino «llevo efectivo» (cuando no admiten tus tarjetas en algún lugar perdido y otra persona se ofrece a abonar tu cuenta muy amablemente). No entraré en una discusión doctrinal sobre cuáles son las dos palabras más bonitas, pero a mí no me cabe ninguna duda sobre cuáles son actualmente las cuatro más feas, al menos en castellano: «te voy a blokear».

-Querida, ya sé que tú no me has bloqueado nunca ni en el Whattsap ni en el Facebook ni en el teléfono ni en nada, pero sabes bien que hoy hay una fórmula más repelente aún que romper una relación sentimental duradera a través de un «chat», cosa que desgraciadamente hacen demasiadas parejas porque ya nadie quiere dar la cara, y es romper la relación sentimental estable sin motivo grave previo diciendo, sin más, «te voy a blokear», con «k» de «kachondeo» y de «Katalunya». Te bloquean hasta de la primera comunión y adiós muy buenas, ya «han pasado página» de ti (otra expresión despreciable).

-Lo sé, querido. Pero es que hay mucho psicópata, mucho pesado, mucho loco suelto. La única fórmula de quitárselos de encima es bloquearlos del todo, aunque desgraciadamente les sigue quedando el recurso de mandar «sms».

-Por supuesto, querida, hay mucho psicópata que merece ser bloqueado. Pero también hay muchas personas normales y bienintencionadas que lo único que han hecho es equivocarse en una preposición mientras chatean y su novia de toda la vida aprovecha la errata para despedirse con un «blokeo» de todo, sin tener que dar más explicaciones. Vuelven a verse diez años más tarde en los pasillos de un hipermercado, cuando el daño moral superó con infinitas creces lo que merecía el asunto.

Quien no haya bloqueado o haya sido bloqueado alguna vez, que tire la primera piedra. Hoy todo el mundo «blokea» o amenaza con hacerlo a todo el mundo por teléfono sin el menor respeto y consideración, por el motivo más nimio y absurdo, haciendo ver que la condición humana individual cada vez vale menos. Que todo el mundo es intercambiable porque todo el mundo vale cero, en la carrera de ratas que es la vida. Las nuevas generaciones, y sobre todo cuando hay por medio una relación entre sexos, se bloquean entre sí continuamente, por haber dicho un buenas tardes en lugar de un buenos días. Incluso por nada, por una pataleta infantil causada por otra cosa totalmente ajena, ya que la infancia hoy dura hasta los cuarenta años o incluso los cincuenta. Es un juego perverso.


QUIEN NO HAYA BLOQUEADO O HAYA SIDO BLOQUEADO ALGUNA VEZ, QUE TIRE LA PRIMERA PIEDRA


Cuando bloqueas a alguien estás transmitiendo que o bien lo consideras un delincuente, un obseso, un perturbado, o bien no te interesa para nada su existencia ni pasada ni presente ni futura, que para tI es un vulgar anélido pisable. La gravedad del desaire es manifiesta. Y sin embargo se bloquea generalizadamente con una ligereza admirable, sin el menor remordimiento. Es como si todos nos llamáramos «hijos de puta» como habitual fórmula de saludo, por la calle. «Dichosos los ojos, hijo de puta»; «te voy a blokear». Bloquear sin un motivo consistente, porque sí, es como -con perdón- cagarse en la cara de alguien.

Estas cosas no pasaban en los tiempos en que aún se citaba a duelo, a primera sangre o a muerte. El sentido del honor tenía la más alta consideración. No existían los bloqueos, los desaires por tonterías. Había que tener mucho cuajo, y estar bastante seguro de lo que se hacía, cuando uno se acercaba a otro, se quitaba el guante de piel de cabritilla y lo abofeteaba con él, lo cual era el prólogo de una visita de los padrinos respectivos para fijar la fecha y el lugar del duelo, al cual no se podía no acudir bajo pena de eterna risión social. Hoy es como si todo el mundo se abofeteara con un guante de cabritilla cada dos por tres, y no ocurriera nada porque se considera parte del paisaje. Me rebelo frente a eso. Un bloqueo por un motivo nimio me lo tomo como una ofensa personal (porque es una ofensa muy personal), que nunca olvido. En algo me tenía que salir el típico carácter español de antaño, el honor, el orgullo y otras cosas que hoy no sirven para nada pero que un día fueron la admiración de otros países, por mucho ciudadano del mundo que diga que soy. Un bloqueo debiera considerarse la última ratio, «el último recurso» contra otra persona a la que se supone tenías estima, y sin embargo en absoluto es así. Se reparten los bloqueos como si fueran chuches.


ESTAS COSAS NO PASABAN EN LOS TIEMPOS EN QUE AÚN SE CITABA A DUELO, A PRIMERA SANGRE O A MUERTE


-Lo peor, querida, viene cuando te «desblokean». Les importaba tan poco bloquearte como desbloquearte. Les importaba tan poco lo que no les pudieras decir como lo que les puedas decir. De considerarte una molestia intolerable pasan a considerarte alguien perfectamente indiferente. Tan indiferente que no merece la pena ni tenerte «blokeado».

-Sí, querido, las relaciones sentimentales longevas del futuro durarán un par de horas, lo que se tarde en decir algo que no quepa en la cada vez más constreñida y adocenada mentalidad de nuestra época, dicho lo cual te dirán las palabras mágicas: «te voy a blokear».


José A. Martínez-Abarca.

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