ROMPER LA COSTUMBRE

CICUTA CON ALMÍBAR, por Ana María Tomás.

Alguien dijo que “el hombre es un animal de costumbres”, pero yo pienso que es precisamente la costumbre la que hace del hombre un animal. Y eso lo sabe el ser humano, quizá de una manera inconsciente, pero lo sabe; por eso se empeña una y otra vez en romper las costumbres que sacan de él su parte más irracional. Y rompe la costumbre de estar sobrio agarrando alguna borrachera de vez en cuando; y rompe la monotonía de las comidas caseras saliendo a comer o a cenar, los fines de semana, a los restaurantes, o viceversa: si se tira la semana comiendo lo que se ha dado en llamar (muy bien llamado, por cierto) “comida basura” por los bares, anda deseando que llegue el día que pueda quedarse en casa frente a un plato de potaje de lentejas; y si se acuesta temprano habitualmente aprovechará los sábados para acostarse también temprano… pero de la mañana del domingo, y viceversa: si el curro se tiene por las noches y no hay más remedio que trasnochar, pillar la cama temprano será su forma de mandar al carajo la rutina. Y si se trata de formalísimas chicas, trabajadoras y madres de familia, entregadas a su profesión y a sus seres queridos, esposas fieles o novias a punto de dar el “sí”, se pasaran la rutina por el arco del triunfo (léase entrepierna) y se largaran de vez en cuando a una de esas salas en donde unos chicos musculosos marcando paquete les harán mandar la rutina (como decía muy finamente mi abuela) a donde se fue Solano. Si, por el contrario, las chicas en cuestión se pasan la semana proporcionándole callos a ciertas partes innombrables, se dedicaran a romper sus hábitos dándose baños de asiento de agua y bicarbonato. Y lo mismo para los chicos, que eso de la canita al aire (que por cierto, nunca entendí lo de la cana y menos al aire) no es más que una forma de cambiar de aires -o de rutina- sin cambiar de ventilador.

fresh

Por todo eso el ser humano establece rupturas: a lo largo del año con fiestas que descalabran, al menos tres veces, lo cotidiano; y de año a año procura hacer un paréntesis mensual para recobrar las fuerzas perdidas, incorporar de nuevo a su vida la ilusión gastada por las aristas de todo un año, o engrasar las ganas de vivir que se van oxidando, anquilosando ante la asfixiante rutina.

Lo que ocurre es que esos paréntesis no siempre responden a las expectativas con que fueron abiertos, porque al igual que un virus informático que se nos cuela en el ordenador, de la misma forma, cuando nosotros abrimos nuestro paréntesis vacacional se nos cuelan en él una serie de personas o personitas que, como los virus, nos joden el programa.

Y, bueno, que todo esto viene a cuento porque ya se ha abierto la veda de las vacaciones de verano, así que, mis queridos lectores organícense un buen paréntesis y no permitan que se les cuele ningún “virus” en su programa.

ana maria tomas

@anamto22

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