REPRESENTAR LA ALEGRÍA

PINCELADAS. Por Zacarías Cerezo.
El cerebro humano tiene la peculiaridad de generar sustancias que nos pueden proporcionar emociones, independientemente de lo que nos está sucedido. Esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Por ejemplo: mientras que una gacela no se estresa hasta que no aparece el león en su cercanía, nosotros nos angustiamos sólo con pensarlo, y a veces imaginamos desgracias que no sucederán pero que nos hacen sentir mal. La ventaja, por otra parte, es que también podemos imaginar momentos felices y sentir, así, felicidad.

Los artistas tratan de hacernos sentir, unas veces dolor y otras felicidad, a través de un relato, una melodía, un paisaje sombrío o inundado de luz. A los que lo consiguen los consideramos genios porque es un poder raro y misterioso.

En tiempos de tribulación, mejor recrearnos en autores que nos muestren la felicidad y nos la hagan sentir. Uno que me fascina es Luca Della Robbia. Su obra llamada La Cantoría (entre 1431 y 1438), un conjunto de relieves que recrea el salmo de David Laudate Domini: “¡Alabad al Señor, alabadlo con tambores y danzas, alabadlo con trompas y flautas!” para Santa María del Fiore de Florencia, es una muestra de cómo una obra escultórica puede contagiarnos la felicidad propia de la danza y la música y ponernos una sonrisa en el cerebro. Es admirable cómo Della Robbia consigue expresar la alegría del pequeño grupo, de tal manera que el espectador tiene la sensación de que le están invitando a incorporarse a la celebración. El naturalismo, propio del Renacimiento, dota de carnalidad a los personajes y nos los hace próximos. De tal modo nos hace olvidar la materia de la que están hechos que el rectángulo en el que están confinados parece romperse desbordado por el raudal de alegría de la danza y la música.


zacariascerezo@gmail.com

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