REFERENCIAS GRECOLATINAS EN EL REAL CASINO DE MURCIA

MITOLOGÍAS. Por Rosario Guarino Ortega – Carmen Guzmán Arias – Miguel Emilio Pérez Molina. Dres. en Filología Clásica (Universidad de Murcia).

El Real Casino de Murcia, construido a finales del siglo XIX, es un espacio emblemático de la Región, sede de actividades culturales, de exposiciones artísticas temporales y ocasionales conciertos. Recientemente (entre marzo y septiembre del pasado 2018) el escultor murciano Mariano González Beltrán exhibió en él una exposición comisariada por Antonio González, que bajo el título “De Dioses y Hombres” mostró 23 piezas de tema mitológico. De dicha muestra permanece, al fondo de la planta baja, en la Exedra, una escultura de dos metros y medio de altura de un Ícaro representado como un hombre desnudo con una máscara de pájaro en la cabeza y unas enormes alas a la espalda.

Prácticamente en todas partes están presentes las referencias clásicas grecolatinas -a excepción del sorprendente Patio Árabe neonazarí en dos alturas rematado por una cúpula de hierro y cristal, al que da paso el pequeño vestíbulo de entrada con su escalinata, la bellísima Biblioteca Inglesa de 1913, con su artesonado de madera y su tribuna superior que se apoya en ménsulas de fundición en forma de flamencos, donde se albergan interesantes fondos actualmente en proyecto de recatalogación, o el Salón de Billar.

Pese a su estilo ecléctico, que se refleja en su rica variedad escultórica, pictórica y arquitectónica, la Antigüedad grecolatina se deja notar ya en la fachada, obra del arquitecto Pedro Cerdán Martínez, de 1902, según proyecto de José Marín Baldo, que combina elementos clásicos y modernistas. Posteriormente, se aprecia en su vestíbulo y escalinata de entrada y en los salones de lectura y tertulia (popularmente conocidos como “las Peceras”, obra de Manuel Castaños), así como, lógicamente, en el llamado Patio Pompeyano, en el que se alzan catorce columnas con capitel jónico talladas en una sola pieza.

Muestra del legado clásico son también el octaedro de la peana de la escultura del desnudo femenino de una Venus de José Planes, polémico en su tiempo, y las copias de esculturas romanas de originales que se encuentran en los Museos Vaticanos de Roma, así como las que, a manera de metopas, recorren los cuatro flancos de las paredes del patio.

Dicho legado se aprecia bien a través de la representación de mitos clásicos conocidos o a través de alegorías, como en la fachada principal, en el Salón de Baile -cuya construcción fue dirigida por el arquitecto José Ramón Berenguer y que contiene cuatro valiosas pinturas representando en forma de matronas a la Música, la Escultura, la Pintura y la Arquitectura respectivamente-, o en el Tocador de Señoras, cuyo techo aparece adornado por una pintura al fresco en la que también son rastreables referencias clásicas. E igualmente, en el Salón de Té, cuyo techo de escayola se recuperó de forma fortuita gracias a un desplome a finales de los años 70.

En sucesivas colaboraciones daremos cuenta detallada de la huella del legado grecolatino en la iconografía escultórica que podemos disfrutar en la fachada así como en distintas dependencias internas del Real Casino de la ciudad de Murcia.

 

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