“SOY UN POETA DEL PORVENIR”

MÁGICAS PALABRAS. Por Consuelo Mengual.
La maravillosa luz de colores que se filtra por las lucernarias del Real Casino de Murcia obsequia con un halo mágico al poeta Soren Peñalver, ensalzando su distintiva presencia, amablemente reconocida por grupos de jóvenes y niños escolares, con los que derrocha alegría y se fotografía, amigos y admiradores que quedan prendados de tan singular autor y tocados para siempre con el poder de sus palabras. Ese es Soren, cautivador y seductor; poeta que, aun sin publicar, es una de nuestras voces literarias más destacadas. Con encantadora generosidad, nos regala el poema inédito “Líneas para leer en mi tránsito”, una vida cantada al viento que nos permitirá asociarlo simbólicamente con las “Bucólicas” de Virgilio.

Equipara el nacimiento al sueño: ¿no es la vida real?, ¿no existe la memoria, sino el olvido?
Rememoro el RCM, con música sufí, leyendo alguno de mis poemas. Estoy contento, van a crearme una fundación en Albudeite, el pueblo donde nací. Un lugar de tierras baldías y gran riqueza ecológica. Este poema lo escribí para mi madre Remedios, que es Medea en griego, cuando ella todavía vivía. A mi padre le había escrito otro titulado “Extrema opción”. Mi madre, que tenía un orgullo especial, volvió al pueblo en su féretro con la música del “Requiem” de Verdi; subió triunfante después de 57 años de ausencia. Fue una mujer adelantada a su tiempo. Respondería que la vida es real pero vivimos un sueño dentro de otro sueño. Existe la memoria del olvido. Lo que yo escribo es presuntamente realista. Hablo de lo vivido y de lo soñado. La muerte es un sueño de la vida.

¿Se puede sentir nostalgia de lo que no se ha conocido?
Y de lo no vivido. Por intuición se puede sentir nostalgia. Hay una intuición (“ánima”) por la que se llega a ser poeta. La eterna infancia del alma subyace en mi poema.

Su nacimiento, ¿qué cambió en la Historia?
Sin vanidad alguna, es el nacimiento común de cualquier niño, pero en un ambiente bucólico, ideal, con sus dramas también, claro. Pero la mítica de mi nacimiento comienza con la historia de mi padre, exiliado, que vivió una guerra de la que no hablaba. Era muy atractivo pero pobre. Mi madre era de gente más hacendada. Soy hijo del amor verdadero que arrasó las imposibilidades. Se querían tanto que fui un privilegiado, rubio, rompía el estándar. Era un bebé distinto. Muy gracioso y muy melancólico a la vez porque oía comentarios de la vida de mi familia. Mi padre tomó conciencia de la jerarquía del pueblo ante una injusticia con mi abuela.

Nací la víspera de Todos los Santos, casi el día 1 de noviembre. Los niños del poema eran hijos de obreros que querían mucho a mi padre porque les arreglaba las bicicletas. Mi padre era un hombre de elegancia sencilla y muy bueno para todo el mundo. Los niños supieron que yo había nacido, hubo un vendaval y cogieron las ramas caídas. Sin saberlo, le hicieron un homenaje a un poeta. Los niños son portadores de la deidad, tienen sabiduría sin saberlo.

Curiosamente, Magia, la madre de Virgilio soñó que daba a luz una rama de laurel que, nada mas tocar tierra, crecía como un árbol y se llenaba de frutos. En ese lugar se plantó una rama de árbol y allí creció un álamo que fue objeto de leyenda y veneración para todas las madres.

Es Ud. una persona universal, una persona de mundo, que ha viajado a lugares diversos y se ha empapado de su cultura. ¿Viajar es vivir?
He vivido los sitios, me he quedado impregnado de las personas. Mi vida son las personas que he conocido, pero en soledad. Pepe Rubio, abogado y poeta, dijo de mí: “Soren es el ser más solitario que he conocido en mi vida”.

¿Es la escritura una ramificación de su personalidad?
Puedo decir que sí, por esa soledad, por leer mucho, por conocer el mundo a través de otros ojos, de otros corazones y otros sentimientos. En otro poema titulado “La infancia de Hamlet” dije de mí que envejecería rodeado de libros, solo, a la completa identidad de los santos. Y, curiosamente, ahora estoy así.

¿Vive en sus poemas?
Sí, con Safo, mi gata, entre libros, plantas, solo por elección, interrogándome constantemente.

¿Por qué no quiere publicar sus poemas?
No soy vanidoso ni tampoco modesto tonto. Le dije a Eloy Sánchez Rosillo que él es un poeta del hoy pero yo soy un poeta del porvenir. Mi reino no es de este mundo (se carcajea).

Decía Hörderlin que el poeta es un intermediario entre los dioses y los hombres.
Sí, yo me siento así. “Cuando sueño soy un Dios, cuando pienso soy un hombre” (Hörderlin). Tengo un poema sobre él.

Vive al margen de las redes sociales. ¿Teme quedar reducido a su propia vida?
Esa es una muy buena pregunta que me llega al corazón (se emociona). Vivo a imitación de los santos, en una situación de austeridad, más estoico, no de renuncia. Los libros te abren caminos insospechados. A veces escribo siendo un niño que no conocí, que va en un barco de esclavos, o soy una mujer no correspondida y abandonada, o mujeres que acunan sin esperar nada a cambio; me pongo en la piel, en el alma de personas que existieron. “Leía y soñaba” es un texto que está gestándose, de larga extensión, sobre personajes que me fascinaron. Normalmente el autor crea y recrea lo vivido. Me conmueve el niño siervo de Dostoyevski que es la imagen de la infancia expuesta al peligro, un tema que el autor ruso, al que admiro, toca con delicadez. Un niño que llenaba la vida de los demás ¡Cómo me identifico con él!


LÍNEAS PARA LEER EN MI TRÁNSITO

Los niños que llevaron ramas del álamo
de la plaza de la iglesia a mi cuna
sabían que el nacimiento es sólo un sueño
y un olvido. El alma que mostraba la sonrisa
de mi madre y mi cuerpo menudo al agitarse
estremecido de vida, venían de lejos;
de otra parte, su punto de partida.

Nuestra vida entera está al servicio
de la memoria de lo que nos precedió
y es la nostalgia de lo desconocido.
El árbol viejo maltratado por el vendaval
y del que los pequeños del pueblo tomaron
los ramos verdeargentados, se renovó;
Sus hojas y el viento el secreto guardan
de nuestra próxima encarnación, y su rumor
escuchamos…

a la sombra del álamo,
sentado junto a los ancianos allí
reunidos, sigue el niño que fui.

Soren Peñalver


Es un poema de interior, como el pueblo de Albudeite.
Sí, sale del alma, de mi, veo a los viejos, que siguen estando ahí.

Es poeta y personaje.
Sí, soy yo como pretexto para hablar de lo que quiero hablar.

¿Cuál sería su hogar moral, el lugar de sus sentimientos y deseos?
Está rodeado de la gente a la que quiero, mis plantas, árboles, compartiéndolo. Sueño con Delfos, el lugar más mágico que he visto.

Es Ud. un lector atento, ¿qué experiencia le provoca la lectura? Háblenos de su biblioteca.
Mi biblioteca infinita, como han dicho de ella desde Antonio Gala a Antonio de Villena. Es una biblioteca viva. Por ejemplo, ahora que se van a cumplir 200 años de Herman Melville, colocaré su “Moby Dick” en primer lugar. Es una biblioteca de estudioso y erudito. Soy veleidoso.

¿Todo es creación?
Sí, es como tocar con una varita mágica, en el momento justo, en el lugar justo, al ser humano y descubrir un manantial de agua, un caudal, como un zahorí. Es la parte positiva.

Virgilio ha cantado a la libertad y a la justicia de los hombres ¿Cuál es su libertad?
Condicionada siempre a la libertad y los derechos de los demás. Somos responsables de todo y de todos, decía Dostoyevski. Somos la misma humanidad.

La poesía ha de gustar, deleitar, debe ser útil enseñando algo, intuía Virgilio.
Cierto, es pedagógica. Virgilio es mi maestro.

Sus “líneas” ¿son un trozo de su vida o su vida entera a la vez?
Pertenecen a un libro autobiográfico dedicado a los amores en el pueblo.

Este poema narrativo, que evoca una madre y un niño dotados de una sensibilidad especial, cargado de una memoria que les precede, pero agarrado a un árbol sabio que se renueva y espera al niño poeta, será escuchado siempre desde la eternidad, en clave de esperanza, entendimiento y armonía entre los hombres de todas las generaciones, como una fusión del hombre y la naturaleza que evoca la Arcadia, la tierra de ensueño poético de Virgilio. Recordando a otro Soren, Kierkergaard: “En lo que a mí respecta, desde muy joven me ha sido clavada una astilla en la carne, si no hubiera sido por eso, hace tiempo viviría la vida de todo el mundo”.


Consuelo Mengual.

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