PINCELADAS: EL OTOÑO EN MURCIA

Por Zacarías Cerezo.

El escritor argentino Ernesto Sábato amaba tanto el otoño que no quería que su jardinero recogiera las hojas del jardín. Le encantaba caminar sobre la alfombra vegetal y escuchar el fru-fru de sus pisadas. Nadie en el bosque recoge las hojas, y es maravilloso caminar sobre ellas o tumbarse y verlas caer temblorosas sobre nosotros.

El Romanticismo ha hecho del otoño el escenario de atormentados sentimientos. Afortunadamente, ninguno de los malos efectos que se le atribuyen: melancolía, cansancio o apatía me afectan. Vivo el otoño con gozo, por la luz dorada y los cielos limpios; por las sombras alargadas que sugieren volúmenes nuevos para pintar con nueva mirada; por la bondad de la temperatura, por las hojas doradas y por sus maravillosos frutos.

No es la ciudad de Murcia un lugar para disfrutar del otoño, apenas tenemos árboles caducifolios y, además, nuestro río Segura carece de bosque de ribera porque las cañas invasoras se enseñorearon hace décadas del cauce. Es cierto que abundan las moreras en la ciudad, pero antes de que la naturaleza las vista de oro, los servicios municipales talan sus ramas robándonos, así, un espectáculo genuino y gratuito. La acuarela que ilustra esta página es una fantasía que me permito, ustedes no verán en la realidad esta estampa de bellísimas moreras otoñales. Se trata del callejón Burruezo, junto al Palacio de San Esteban, la iglesia de San Miguel y los Nueve Pisos. Para cuando esta revista salga a la calle, las moreras estarán con sus muñones mirando al cielo, desnudas y patéticas. ¡Dejen que nuestras moreras sean el testimonio del otoño murciano!


zacariascerezo@gmail.com

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