UN PARTIDO PARA EL RECUERDO (I)

NUESTRO REAL MURCIA. Por Damián Mora. 

Si hay un partido, de los cientos que he presenciado de nuestro Real Murcia en La Condomina, que se me haya quedado grabado para siempre en el recuerdo, hasta en sus más pequeños detalles, es el que se jugó en la primavera de 1963, el 21 de abril a las cuatro de la tarde. Había realizado el Real Murcia una excelente campaña en Segunda División y llega al último partido de Liga en el viejo campo de la Puerta de Orihuela con una ventaja tal que un empate ante el Levante U.D., de Valencia, le era suficiente para conseguir, por quinta vez en su historia y tras largos años de travesía en la división de plata, el ansiado ascenso a la Primera División del fútbol español.

Una gran parte de este éxito se debió a la denominada “operación socios”, que el presidente del club, Ángel Fernández Picón, había puesto en marcha al inicio de esa temporada consiguiendo la nada despreciable suma de quince mil socios, cantidad nunca obtenida por el Club en toda su historia.

Amanece el domingo 21 un día primaveral. Cielo despejado, sol y ligera brisa. Todo perfecto para el espectáculo que se esperaba. El ambiente en la calle es excepcional. Los alrededores del desaparecido Bar “La Viña”, en la calle Montijo, hoy pintor Manuel Avellaneda, están atestados de aficionados del Levante U.D., comprando entradas para presenciar el encuentro. Era dicho bar un punto de compra de entradas para el fútbol, y también para los toros, por encontrarse muy céntrico, en una calle perpendicular a Trapería y muy cerca de la Catedral.

Los cánticos y las banderas blaugranas, color de las camisetas del Levante U.D, inundan la zona. Se daba además la circunstancia que una victoria del Levante U.D., aupaba a este al ascenso dejando a nuestro Real Murcia a expensas del último partido de Liga, fuera de La Condomina, para jugar la promoción de ascenso.

Sobre las cuatro menos cuarto arribo a La Condomina de la mano de mi padre y mi abuelo. Este me compra un parasol – cono de cartón con un elástico que se ponía en la cabeza para protegerse del sol-, y tras hacer un poco de cola llegamos a nuestra localidad del Sector A. El ambiente dentro del campo es inenarrable. Faltan diez minutos para el inicio del partido y el campo está abarrotado de público. El mayor lleno que se recuerda en la historia de La Condomina hasta entonces. Hasta las torretas de la iluminación están atestadas de aficionados. La banda de música de la Diputación Provincial, dirigida por el maestro Cebrián, no cesa de dar vueltas al campo a los sones del Canto a Murcia de La Parranda, que predispone al público y le hace subir la adrenalina de cara al partido.

Oigo comentar a mi padre y mi abuelo –“ni el día que jugamos contra el Real Madrid en el año del primer ascenso (1940) habíamos visto La Condomina con tanto público”. Se calculan unos veinticinco mil espectadores, cinco mil llegados desde Valencia para animar a su equipo, el Levante.

Es ensordecedor el griterío cuando a falta de cinco minutos para las cuatro de la tarde aparecen los jugadores del Real Murcia en el campo. Gran cantidad de niños saltan con sus padres al terreno de juego para fotografiarse con los jugadores. Esta es una deuda que yo tuve pero que jamás pude saldar.

José Llopis, entrenador grana, ha dispuesto la siguiente alineación: Campillo, Álvarez, Aznar, Dauder; Martínez, Paz, Lax, Vicedo, Marsal, Lalo y Monóvar. El rival también ofrece una alineación de enjundia destacando el defensa Calpe (posteriormente jugador muchas temporadas del Real Madrid), Wanderley, jugador de color hermano del valencianista Waldo y máximo goleador de la categoría, el extremo Serafín, que provenía del F.C. Barcelona y posteriormente jugador del Real Murcia, etc.

El partido, además de los alicientes propios de un nuevo ascenso del Real Murcia a la Primera División, que no es poco, tiene como premio añadido que dicho ascenso supone el optar la siguiente temporada a jugar el Trofeo de la Copa de Ciudades en Feria (posteriormente denominado Copa de la UEFA y hoy la Europa Ligue). La vulgarmente conocida como Copa de Ferias la jugaban equipos de Primera División de países que tuvieran reconocida en sus ciudades una feria internacional y nosotros entonces disfrutábamos de la FICA -Feria Internacional de la Conserva y Alimentación.

Pero todo ello si se consigue el ansiado ascenso.

(Fin de la primera parte). Continuará en el próximo ejemplar. 


Damián Mora

 

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