“NO TENGO MÁS REMEDIO QUE SEGUIR PINTANDO, ES ALGO INEVITABLE”

EL MAESTRO DEL DIBUJO Y ARTISTA ILICITANO, JOAN CASTEJÓN, REGRESA AL REAL CASINO DE MURCIA CON UNA MUESTRA DE OBRA GRÁFICA EN LA QUE REVIVE ALGUNAS DE SUS OBRAS MÁS REPRESENTATIVAS

Por Elena García Pérez.
Sus dibujos albergan los miedos más oscuros de los hombres, pero también las más profundas pasiones. En sus cuadros hay tragedias imborrables y mágicas puestas de sol que nos devuelven la esperanza. Sus figuras humanas se trasforman en bestias imaginarias. Hay movimiento y sosiego. Mito y verdad. Joan Castejón dibuja unas manos de abrazo que inundan sus cuadros de ternura. Sus trazos fluyen por el papel como el agua sigue el transcurso del río. Es naturaleza y vida.

Castejón nació en Elche en 1945 y nació pintor. Nunca ha cesado de crear, a pesar de los avatares de los tiempos. Ahora, repasa su dilatada carrera pictórica con una exposición de obra gráfica que presenta en el Real Casino de Murcia el 4 de marzo. Se trata de reproducciones de sus creaciones más icónicas, sobre las que el artista interviene para reinventarlas y dotarlas de originalidad. A su vez, mostrará algunas de sus últimas pinturas, en las que el color prevalece sobre las formas y en las que reinterpreta conceptos e ideas expresados en sus obras anteriores, otorgándoles una nueva luz.

A través de sus obras, Castejón cuenta historias, muchas de ellas reconocibles, compartidas. Es considerado un exponente del realismo social. “El arte se basa en la vida, en lo que ocurre alrededor”, expresa el autor en su estudio de Denia, donde recibe a RCMAGAZINE y al comisario de la muestra, Miguel Olmos. Su estudio es su templo y en él reina el caos: cientos de cuadros, dibujos, cuadernos, recuerdos, botes de pintura, libros, instrumentos musicales… Los objetos se distribuyen por el espacio creando una atmósfera envolvente. “El arte es comunicación, es gesto humano y bebe de los vericuetos humanos; siempre está vinculado a nuestra propia naturaleza”, sostiene.De joven, Castejón se ganaba la vida trabajando en una fábrica de zapatos y pintaba los domingos. “Para convertirse en artista hay que ser muy cabezota”, comenta. “A todos los niños les gusta pintar, moldear, manipular colores… pero llega una edad en la que aparecen otros intereses y el artista muere; hay que trascender esa etapa, seguir el impulso creativo a pesar de los vientos y mareas, para llegar a convertirse en autor”, explica. Tras cinco décadas de trabajo confiesa que “no tengo más remedio que seguir pintando, es algo inevitable”. Y asegura que jamás ha estado enemistado con el arte. “Tengo muchos recursos: igual estoy dibujando, que realizando un grabado o moldeando una escultura; no soy capaz de aburrirme”.


“El arte es comunicación, es gesto humano; siempre está vinculado a nuestra propia naturaleza”


Su estilo personal en el dibujo, con trazos certeros y limpios, se dejar ver ya en sus tempranas creaciones. En 1966 realizó su primera exposición individual, pero tan solo un año después sufre un dramático golpe: es detenido y encarcelado por participar en una manifestación contra del régimen franquista. Cumplió tres años de condena, pero siguió dibujando de forma incesante dentro de las prisiones donde estuvo cautivo, perfeccionando su técnica. “El arte está por encima de las circunstancias; siempre he ejercido la libertad”, afirma Castejón. “Quizás sea lo único que nos queda en una dictadura: la poesía, el arte, la música… aquello que somos capaces de transmitir”. Sus obras de aquellos años, sus dibujos carcelarios, representan una época negra, con retratos trágicos de angustia y dolor, maternidades sombrías y anatomías desgarradas.


“Siempre he ejercido la libertad”


En sus dibujos, las figuras antropomórficas tienen una presencia protagonista. “A través de una forma humana o animal voy narrando historias con un clima abierto, que pueden ser interpretadas por el observador; busco que lo narrado cree un vínculo que atrape y mueva sentimientos”, expone. Al dibujar, el artista de Elche prescinde de intermediarios, se enfrenta al papel en blanco directamente con sus dedos, sin lápices ni utensilios. Verle en acción es como presenciar un hechizo; parece que con solo tocar el papel se desvelan las figuras que se hallaban ocultas, esperando ser descubiertas.


Al dibujar, Castejón prescinde de intermediarios, se enfrenta al papel en blanco directamente con sus dedos, sin lápices ni utensilios


Joan Castejón ha creado su propio imaginario plástico: rostros, figuras o conceptos que se reiteran en sus obras. “A veces tengo la sensación de pintar siempre el mismo cuadro”, ha señalado en alguna ocasión. Explica que no siempre le basta con un solo “desierto blanco” para expresar lo que quiere decir y necesita varias piezas para decirlo todo. “Al trabajar voy acumulando experiencia, hay un alimento, una experimentación creciente, de modo que el último cuadro se parece al penúltimo y el siguiente el anterior; soy un pintor de evoluciones muy lentas”, revela.

Este maestro del dibujo también ha bebido de la literatura para elevar su creatividad. Conocida es su serie inspirada en la novela ‘Cien años de soledad’, en la que reinventó los mundos mágicos de García Márquez. Cabe mencionar también sus enigmáticos retratos de Don Quijote o los dibujos que realizó entorno a la figura de Miguel Hernández, de una delicadeza exquisita. “Hay autores que me han llegado al alma y he sentido la necesidad de dejar salir imágenes”, comenta Castejón, pero subraya: “yo no soy ilustrador, no pretendo reflejar lo descrito, no me someto al texto”. Quizás por ello, cuenta que a García Márquez no le agradaron sus creaciones entorno a su novela más universal.

Joan Castejón vive un momento de introversión y búsqueda existencial. “Cada vez tengo menos prejuicios de hablar del alma y del espíritu humano; ninguna religión tiene el monopolio de esa energía”, declara. Y presiente que “hay algo más, algo importante conectado con la consciencia más íntima de uno mismo, con el alma”.

En su próxima exposición, compuesta principalmente de obra gráfica, se podrá vislumbrar la trayectoria de un artista que ha alcanzado una madurez serena, pero que continúa investigando los misterios del espíritu y de la pintura. Esta muestra acerca su arte al público, al tratarse de obras más accesibles en las que está presente la huella del autor. Afirma sentirse cómodo con el impecable resultado de la reproducción. “Aunque no me conformo con eso”, indica, “intervengo directamente cada obra, de forma que la emoción que recibe el espectador es casi como la de estar frente a una pieza original”, subraya.

Y nos brinda así la oportunidad de volver a observar la armonía y sensibilidad de sus cuadros, la soledad y los miedos de los seres, el latir del tiempo imparable y su compromiso inquebrantable con la verdad. Una muestra que nos enfrenta con la esencia de nosotros mismos y con la incertidumbre de un mundo cambiante, pero que nos concede un respiro, un refugio de belleza en el que detenernos y mirar, por un momento, la vida a través de los ojos de un artista extraordinario.

La exposición podrá contemplarse hasta el 29 de marzo. No se la pierdan.


Elena García Pérez.

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