MORBIHAN

BOSQUES MÁGICOS, HERMOSOS PUEBLOS, CASTILLOS DE CUENTO Y UNA NATURALEZA MARAVILLOSA AL SUR DE BRETAÑA

EL TROTAMUNDOS DEL CASINO. Por Eliseo Gómez Bleda.
En esta ocasión os voy a hablar de un viaje que me fascinó y espero que, una vez superemos la crisis sanitaria actual, vosotros también podáis disfrutar.

Morbihan es una zona al sur de la Bretaña francesa, no muy conocida, pero con mucho encanto. Su nombre significa en bretón “pequeño mar” (Mor, mar, y Bihan, pequeño). Cuenta con una especia de mar interior muy parecido a nuestro Mar Menor, con dimensiones de 21 km de largo y 5 km de ancho. Está considerada como una de las bahías más bellas del mundo y tiene unas 40 islas, cada una de ellas con una gracia singular. Está conectado con el océano por un pequeño corredor y es el santuario de unas 200.000 aves, con unos paisajes marinos preciosos.


La bahía de Morbihan está considerada como una de las más bellas del mundo. Tiene unas 40 islas, cada una de ellas con una gracia singular


En el viaje que realizamos nosotros nos centramos especialmente en descubrir sus pintorescos pueblos del interior. No sabría cómo explicar las sensaciones que tuvimos cuando iniciábamos la visita a cada uno de ellos… nos mirábamos unos a otros asombrados.

Tejados de Rochefort.

Para llegar a Morbihan lo más cómodo es tomar un avión en Alicante con destino a Nantes. Existe un vuelo directo con la compañía Volotea, de menos de 2 horas de duración, y es bastante económico (unos 60 o 70 euros ida y vuelta, aunque los precios varían mucho según las fechas).

Nantes, la ciudad de Julio Verne, nos servirá de punto de partida para nuestro recorrido por el sur de la Bretaña. Os recomiendo que le dediquéis un par de días para verla con tranquilidad, ya que por sí sola merece un viaje. En el futuro realizaré un reportaje para hablaros de ella.

Iniciamos nuestro recorrido alquilando un coche en el aeropuerto de Nantes y nos dirigimos a La Gacilly. Nada más entrar en la pequeña ciudad, ubicada a orillas del río Aff, vemos que todas sus calles son de piedra y sus casas están decoradas con macetas de flores muy llamativas. Este pueblo es muy famoso por ser la casa de la conocida marca de cosméticos “Yves Rocher”. Su fundador construyó un precioso jardín botánico y el hotel “La Gree des Landes”, que merecen una visita. Las calles del pueblo están llenas de tiendas de artesanía de cuero, joyerías, arte y pintura.

Durante el verano se convierte en un foco cultural con la exhibición de la mayor exposición fotográfica al aire libre de Francia, en la que se muestran imágenes de grandes dimensiones. Una experiencia recomendable.

A unos 20 km de distancia llegamos a un pueblo catalogado como uno de los más bonitos de Francia: Rochefort-en-Terre. Rodeado de bosques, está ubicado en un peñasco rocoso, con todas sus calles adoquinadas. Sus casas medievales ofrecen un verdadero espectáculo floral en los meses de primavera y verano. Recorremos su plaza de Puits, con varios anticuarios, y la calle de Saint-Michel. Todo es un remanso de paz.

Paseo en Rochefort en Terre.

Chateau de Rochefort.

Su castillo data del siglo XII, aunque se reconstruyó en el XVII y, posteriormente, en el XX. El pintor norteamericano Alfred Klost lo transformó en un palacete y atrajo a la zona un gran número de artistas.

Rochefort-en-Terre fue elegido en el 2016 el pueblo más bonito de Francia. Aunque hay tantos en esta lista que es difícil elegir cuales visitar… Pero este en particular lo merece, pues tiene todo lo que nos podíamos imaginar en alguno de nuestros sueños: calles de adoquines tranquilas y silenciosas para pasear, construcciones medievales con castillo y murallas, casas de entramado de madera del siglo XVII con las plantas y flores trepando por sus fachadas…


Rochefort-en-Terre fue elegido en el 2016 el pueblo más bonito de Francia


Nos despedimos con pena de Rochefort y llegamos en unos 40 minutos a otra joya: Vannes. Capital de Morbihan, esta ciudad lo tiene todo. Está situada al lado del Golfo de Morbihan.

Golfo de Morbihan.

Paseamos por sus callejones empedrados, con sus casas de madera y sus oscuros pasajes, hasta llegar a la puerta de San Vicente. Allí descubrimos su puerto y subimos a sus murallas para contemplar las impresionantes vistas. Al final de la Edad Media esta ciudad fue la residencia de los Duques de Bretaña.

Visita obligada es la catedral de Saint-Pierre, donde se encuentra el sepulcro del dominico San Vicente Ferrer, que vino a predicar aquí sus últimos años de vida.

La puerta de San Vicente nos da acceso al casco antiguo, que cuenta con edificios que datan del siglo XVII. Encontraremos la Plaza de Poids-Public y el hotel Francheville, que es monumento histórico de la ciudad. Nuestra visita coincidió con un mercadillo en la Plaza de Lices, que abre los miércoles y los sábados por la mañana. Es muy interesante y colorido. Allí un amigo nos invitó a degustar un exquisito y selecto queso.

Vannes.

Un restaurante interesante para comer en la zona del puerto es “Le Vent D´Est”, de comida alsaciana. También os recomiendo otro cercano a la catedral: “L´Atelier”, especialista en galettes.

Algunos de los platos más típicos de la cocina bretona son la tortilla de mariscos y las exquisitas sopas marineras, que se nutren de la abundancia de centollas, bueyes y bogavantes.

También tenemos que degustar sus magníficas galettes saladas, elaboradas con harina de trigo sarraceno y rellenas de huevo, queso, jamón o embutidos. Otra especialidad para postre son las crepes dulces, que están hechas con una masa fina, rellenas de cualquier cosa que se pueda imaginar. Toda la comida regada con una buenísima sidra, que se sirve en taza.

Nuestro siguiente destino, a solo 30 km de Vannes, es el mágico pueblo de Carnac, famosísimo por sus campos de menhires. En principio se calcula que había 10.000, de los que quedan 2934 ejemplares. Estos trazan líneas de más de 1 km y son admirables con la luz rasante de la última hora del día.

Ayuntamiento de Vannes.

Carnac posee una de las concentraciones de megalitos más extraordinarias del mundo. Se calcula que su antigüedad se sitúa entre los 5000 y 3000 años a.C. Algún menhir llega a los impresionantes 6,5 metros de altura. Existen muchas leyendas sobre su origen: la mayoría se inclinan por el tema astronómico, otras por construcciones funerarias y otras apunta a vestigios del diluvio universal.

Menhires de Carnac.

Seguimos nuestra ruta rumbo a Auray-Saint-Goustan, ciudad que está situada a solo 18 km de Carnac. Podríamos decir que son dos ciudades en una, conocida como “Ciudad de Arte e Historia”. Esta última cuenta con dos barrios antiguos: el alto que se congrega en torno de la Iglesia de Saint-Gildas y el bajo, que bordea el río Loch.

Auray.

Puerto de Saint-Goustan (Auray).

El puerto de Saint-Goustan mantiene su encanto de antaño, con sus calles pavimentadas que han conservado perfectamente su ambiente medieval. La ciudad se enriqueció en la Edad Media por los derechos de paso que les cobraban a los barcos. La plaza de San Sauveur y el muelle de Franklin están muy animados por sus numerosas terrazas, donde podemos tomar una buena cerveza, viendo pasar los barcos.


El puerto de Saint-Goustan mantiene su encanto de antaño, con sus calles pavimentadas que han conservado perfectamente su ambiente medieval


Os aconsejo que hagáis una degustación de ostras. Una buena opción para ello es el restaurante “La Cabane a Huitres”, en el cercano pueblo de Pointe de Toulvern-Baden; pedid un par de bandejas de su criadero.

Más tarde subimos la rampa de Loch y llegamos al centro de la ciudad alta, donde está el castillo de los Duques de Bretaña, del siglo XI. Desde aquí el panorama es maravilloso: vemos el puente de piedra, las casas de madera llenas de flores y las callejuelas que bajan hasta el puerto.

Después de media hora de camino llegamos a Lorient, también llamada la “ciudad de los cinco puertos”. Una ciudad bastante joven, ya que fue fundada a principios del siglo XVII. Esta ciudad se distingue por varios motivos. En 1664 se instaló aquí la importante “Compañía de las Indias Orientales”, que se dedicaba a importar seda y especias.

Lorient es el segundo puerto pesquero de Francia. Cada mañana hay un gran trasiego de barcos que traen el pescado y el marisco fresco. Es interesante visitar la lonja de Merville.

También están en el puerto las instalaciones de una de las más importantes bases de submarinos alemanes de la II Guerra Mundial. Podemos visitar en sus bloques de hormigón el museo dedicado a los sumergibles.

Casa tradicional de Josselin.

A poco menos de una hora de camino llegamos al precioso pueblo de Josselin. Sin duda uno de los pueblos más encantadores de Francia. La historia de este pueblo está muy vinculada a su castillo, situado en lo alto de una colina, con sus maravillosas vistas del río Oust. Es de estilo gótico flamígero, del siglo XII y es propiedad de la familia Rohan, una de las estirpes más antiguas de Bretaña.

En el centro está la casa más antigua del pueblo, del año 1538, que sirvió de modelo para construir las casas medievales de entramado de madera.

Pasear por la orilla del río, donde vemos reflejada la silueta del castillo, será probablemente una imagen que recordaremos toda la vida.

Por el canal que comunica Nantes con Brest, veremos navegar barcazas de recreo para disfrutar del entorno.

Canal Nantes-Brest.

Su iglesia de Notre-Dame-du-Roncier es un lugar de peregrinación en Francia. Cuenta la leyenda que un vecino de Josselin se encontró a la virgen entre unas zarzas, la llevó a su casa, donde vivía su hija ciega, y la virgen le curó la ceguera. Mitos a parte, se trata de un pueblo de cuento absolutamente encantador.

El tema del clima en la Bretaña es muy importante en nuestro viaje. Llueve muchísimo y el clima es muy cambiante. De abril a julio es la mejor época para viajar, cuando menos llueve y las temperaturas son más suaves, con un media de 16º a 17º. Un paraguas y algo de abrigo son imprescindibles.
Si tenéis tiempo, podéis visitar el bosque mágico de Brocéliande, a poco más de media hora, donde vivió el mago Merlín, el hada Viviana y el caballero de Lancelot… Allí reviviremos la leyenda del Rey Arturo.

Espero que podáis realizar este viaje y que descubráis con vuestros propios ojos la maravilla inigualable de la Bretaña. ¡Seguro que os encantará!

Mercado callejero de Vannes.

LAS RECOMENDACIONES DE ELISEO
– Tomarnos unas galettes y crepes, acompañadas de sidra, en “Le Petite Bretonne”, de Rochefort en Terre.
– Hacer un paseo en barco eléctrico en La Gacilly.
– Recorrer el mercado de Vannes en la Plaza des Lices.
– Pasear junto al río en Josselin.
– Dormir una noche en el hotel de Yves Rocher en La Gacilly


Eliseo Gómez Bleda.

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Un comentario en «MORBIHAN»

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