UN LIBRO HACE TU MUNDO MÁS GRANDE

ENTREVISTA A PEDRO BROTINI

MÁGICAS PALABRAS. Por Consuelo Mengual.

La literatura está llena de momentos singulares que quedaron después plasmados en importantes libros de referencia. Así ocurrió en el verano de 1816 en Villa Diodati, junto al lago de Ginebra, en Suiza, donde a causa de una gran tormenta tuvo lugar una misteriosa reunión de escritores de la que surgieron grandes novelas de terror. Esta es la velada que da origen a “La estancia”, novela del psicólogo y escritor Pedro Brotini, que se erige como continuador, doscientos años después, de ese encuentro literario para ir en la búsqueda de una historia desaparecida. De esta manera, podemos establecer un diálogo con Mary Shelley y su “Frankenstein o el Moderno Prometeo” para adentrarnos, no tanto en lo terrorífico del relato, sino en la idea de la lucha por cumplir nuestros sueños.

¿Cómo surge esta novela?
La noche de Villa Diodati es evocadora y muy literaria. Allí se reunieron escritores importantes como Lord Byron o Percy Shelley y otros que no lo eran tanto como Mary Shelley (esposa de Percy) o John Polidori, el médico de Lord Byron, para componer versos, conversar, filosofar y proponer que cada uno ideara una historia de terror. Curiosamente fueron estos dos últimos escritores los que consiguieron las más brillantes y rompedoras novelas que han sido después la referencia para otros autores. Se trata de “Frankenstein o el Moderno Prometeo”, de Mary Shelley, y “El vampiro”, de Polidori, que será el antecedente de “Drácula”. La historia que yo cuento enlaza con aquella velada para ir a la búsqueda de “La estancia”, la novela desparecida de Polidori.

¿Se llamaba así esa obra perdida?
En realidad nunca se supo si realmente esa obra existió así como tampoco su título. Yo he querido hacer en “La estancia” un guiño a esa villa tan emblemática como sugerente para la imaginación jugando con dos historias en tiempos diferentes pero que se apoyan la una en la otra.

¿Se ha sentido parte de aquel momento?
Yo me hubiera sentado a escucharlos. Sus agitadas vidas con sus muertes trágicas en plena juventud fueron como historias de novela. Me gusta mencionar una frase de Lord Byron que recoge esta idea: “Los elegidos de los Dioses mueren jóvenes”.

¿Qué pasa con tantos libros que debe haber perdidos y no leídos, o libros escritos y no publicados?
Esto me lleva a una reflexión sobre la escritura en clave de esperanza porque nos demuestra que hay mucha inquietud por contar historias. Escribir es ya la propia recompensa. Pero si una obra es publicada nos permite compartir nuestras experiencias con los lectores.

¿Qué representa la literatura de terror?
Había ya una tradición importante en Alemania, Inglaterra o España (como Bécquer y sus leyendas) en las que el terror estaba presente. Pero es en esta velada donde nacen esos dos iconos de historias de “no muertos” para denunciar muchos problemas de la sociedad.

En su libro la protagonista nos introduce en el mundo de la investigación.
Sí, es una investigadora porque desde las fuentes literarias acude al descubrimiento de la obra perdida. Es el toque técnico de la novela pero, al mismo tiempo, es una forma de presentar las segundas oportunidades que la vida nos presenta y que la protagonista sabe aprovechar.

¿Siente que ha recuperado al escritor Polidori?
En realidad me gustaría saber qué piensa él, allá donde esté, de este recuerdo novelado.

Las tertulias tienen el encanto del placer de la palabra conversada.
Me gusta conversar sobre libros. “Ahí fuera hace mucho frío” y es bueno ampararse y compartir. Ir de la palabra escrita a la palabra hablada es algo que tenemos que recuperar. Vivimos en la sociedad del ruido pero, a pesar de todo, el libro persiste y promueve interesantes conversaciones.

“La estancia” habla del rescate de lo perdido en clave de esperanza, de creer en los sueños y poner de nuestra parte para que sean posibles.
Así lo expresa uno de los personajes: “El mundo necesita gente que crea en unicornios”. Es el sueño que queremos alcanzar, en el que creemos, con independencia de conseguirlo. Hace falta ilusionarse en un mundo en el que no dejamos ninguna vía a la improvisación, hemos perdido frescura. Y un libro te hace tu mundo más grande.

¿Qué hay de “Frankenstein” en su historia?
Está la idea de dar vida a lo inerte en relación a la búsqueda de la creación literaria perdida. También el construir desde la soledad. Escribir es la actividad más solitaria pero, al mismo tiempo, la soledad es una oportunidad, un silencio para poder investigar e imaginar. Y podríamos hablar del tema de la diferencia. “Frankenstein” tiene una identidad negativa, todos le rechazan, sin familia ni amigos. Ser diferente implica ser audaz, tener carácter, salir de lo corriente, recibir críticas, o comentarios que cuestionen tu trabajo. Y ahí entra en juego el “unicornio”, como una forma de vida.

Mary Shelley ideó un ser que viene al mundo con plena conciencia pero sin contenido dentro de ella.
Somos nuestra historia recordada y Frankenstein no guarda memoria alguna. Es algo parecido a lo que le ha ocurrido a Polidori: un escritor desconocido pero con unos gustos y valores literarios muy válidos. Al final no puedo dejar de empatizar con los personajes, entiendo todas sus motivaciones: Byron es un endiosado, Mary Shelley es una mujer que quiere reafirmarse con su propia voz y Polidori quiere escribir ante todo.

¿El protagonismo de sus personajes femeninos es en honor a Mary Shelley?
Al principio eran hombres pero no funcionaba. La voz femenina ha sido más creíble. Mary Shelley fue una gran pensadora, liberal, valedera de su tiempo. Ella es mucho más que la autora de “Frankenstein”, además de que fue la gran amiga de Polidori.

¿Es la literatura un medio para expresar la necesidad de cambio?
Como decía Nuria Espert: “la literatura es la barandilla en los balcones”, contemplas el mundo desde el balcón y la barandilla te sostiene de ese vértigo.

Resulta muy interesante descubrir todos los secretos que hay detrás de la literatura y en “La estancia” podemos disfrutar de grandes momentos literarios para decir, como Carlos, el hijo de nuestro escritor Pedro Brotini: “si no leo, no puedo soñar”.


Consuelo Mengual @Aladas_Palabras

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