LA JUNGLA DEL TARTÁN

LA CARA B. Por Antonio Rentero.

“Tras los Juegos Olímpicos de México en 1968 las pistas de atletismo comenzaron a construirse con un material sintético y poroso que permitía absorber el impacto de las pisadas de los atletas sin perjudicar sus articulaciones.

La empresa 3M, que desarrolló el primer material con el que se llevó a cabo esta revolución deportiva, tenía ya una cierta tradición de bautizar sus productos con nombres que remitían al país de las Tierras Altas. Quizá ahora ya no se recuerde tanto pero por aquella época era muy popular la cinta transparente adhesiva Scotch y hoy día sigue siendo archiconocido el estropajo Scotch Brite. En el caso que nos ocupa la denominación comercial para el material con el que se cubría la superficie de la pista de competición fue Tartán, el mismo nombre del tejido con el que se confeccionan los quilt, las faldas escocesas, cada una según el patrón de cuadros y colores de su propio clan.

Empezaba yo a ser una adolescente cuando llegué al mundo de la competición en pruebas de velocidad en pista. Distancias cortas. Explosión de fibra muscular buscando arañar décimas. Zancadas queriendo adelantar a las agujas del cronómetro. Y por encima de todo un estirón que no llegaba y que me obligaba a patear más veces el tartán que a mis contrincantes, a las que el desarrollo hormonal y biológico había otorgado más centímetros de longitud en sus extremidades que a mi.

Siempre he sido perfeccionista. Muy perfeccionista. Y darme cuenta de que una biología más pausada que la de las otras chicas que me rodeaban me limitaba me obligó a pulir mi técnica al máximo, además de esforzarme todo lo posible en mis entrenamientos. Gracias a ello me di cuenta de que realmente si era capaz de dar todo lo que llevaba dentro contrarrestaba esa diferencia, mensurable en centímetros de diferencia entre sus piernas y las mías. Ellas daban menos zancadas que yo en la misma distancia, mis pasos debían ser más rápidos y el movimiento de mis piernas alcanzar la máxima eficiencia para vencer el desequilibrio que la Naturaleza había planteado a mi alrededor.

Técnica, técnica, técnica. Entrenamiento, entrenamiento, entrenamiento. Esfuerzo, sacrificio y dedicación.

Llegar a la meta para mí constituía un reto adicional, extraer lo mejor de mi misma pero además ir incluso más allá para vencer a rivales a los que su crecimiento natural les había otorgado lo que a mi aún me hacía esperar pacientemente ese momento, el del estirón, que en este caso me permitiera romper límites y estar en igualdad de condiciones. Mi meta estaba en el mismo sitio que para quienes saltaban tras el pistoletazo en las calles adyacentes pero yo tenía la impresión de tener que ir desbrozando una jungla mientras avanzaba zancada a zancada.

Mi nombre quedaba con frecuencia en los puestos más altos de la clasificación, pero esa delgada brecha que me separaba del triunfo absoluto medía tanto como los centímetros que faltaban en mis piernas.


“Aquella experiencia me otorgó una magnífica base para mi vida cuando, ya abandonado el atletismo, quedó la disciplina, el esfuerzo, el sacrificio y el ser capaz de dar el máximo”


En 1950 John Huston dirigió la película “La jungla del asfalto” (The Asphalt Jungle), y aunque su trama tenía que ver con la planificación de un atraco a una joyería por una banda de ladrones, se instituyó esa forma de definir la ciudad (u otros escenarios) como un espacio despiadado y competitivo marcado por las pugnas, las traiciones y la desconfianza.

No era la traición de los rivales o las compañeras ni amenaza alguna las circunstancias que podrían hacerme rememorar aquellos años como una jungla del tartán, pero sin duda aquella experiencia me otorgó una magnífica base para mi vida cuando, posteriormente, ya abandonado el atletismo (y ya con el estirón moldeando mis articulaciones) la disciplina, el esfuerzo, el sacrificio y el ser capaz de dar el máximo (y más allá) de mis capacidades me han permitido conseguir todo cuanto me he propuesto alcanzar.

Me llamo Irene Ortega y aunque pocos lo saben soy una atleta.”


@antoniorentero

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