LA FRAGUA DE HEFAISTOS

MITOLOGÍAS. Por Carmen Guzmán Arias y Miguel E. Pérez Molina.
“La fragua de Hefaistos” es el rótulo que el escultor murciano Anastasio Martínez Hernández colocó hace ahora 100 años en un relieve rectangular de 70 cm. de alto por 150 cm. de ancho. La obra, en el muro norte que sirve de entrada al Patio Pompeyano desde el crucero, queda a la espalda del visitante. Está centrada bajo las once metopas de tema mítico variado de esta pared.

El tema elegido por el artista expresa el momento en que Hefesto, dios griego del fuego y la forja (en Roma, Vulcano), y sus ayudantes elaboran unas armas: casco, coraza, escudo, grebas… Son para Aquiles, el héroe homérico, hijo de la diosa Tetis y del humano Peleo, protagonista de la Ilíada decidido a vengar la muerte de su compañero Patroclo, a quien prestó su armamento. La forja de la impresionante armadura está narrada en la Ilíada, en su canto 18.136-617.

Tetis, la solícita madre, dice en la inmortal epopeya: ‘Voy junto a Hefesto, magnífico artífice, por si quiere / otorgarle a mi hijo magníficas armas resplandecientes’ y, para convencerle, le cuenta su desgracia y necesidad: ‘por eso, ahora tus rodillas abrazo, por si quieres / a mi hijo, de fugaz vida, otorgarle escudo y yelmo / y hermosas grebas ajustadas con broches / y coraza, pues todo se lo perdió su fiel amigo / derrotado por los troyanos, y él yace en tierra apenado en su ánimo.’


El relieve expresa el momento en que Hefesto, dios griego del fuego y la forja, y sus ayudantes elaboran unas armas: casco, coraza, escudo, grebas… Son para Aquiles


El dios Hefesto, cojo de nacimiento (‘ilustre patizambo’) figura, quizás por ello, sentado. Contesta a Tetis: ‘Confía; eso, en tu corazón, no te preocupe. / ¡Ojalá a él de la muerte funesta así pudiera / ocultarlo lejos cuando el terrible destino lo abrace! / pues para él armas hermosas habrá, por las que cualquier / hombre de ciudades sentirá admiración cuando las vea’.

El mejor herrero del mundo, en la izquierda de la composición, modelando el casco con su martillo, inicia el encargo en los versos homéricos: ‘Así habiendo hablado, la dejó allí y marchó a los fuelles; / los volvió hacia el fuego y les ordenó trabajar. / Fuelles en los hornos, veinte en total, soplaban; […] bronce, en el fuego, ponía indomable y estaño / y oro valioso y plata; y, entonces, luego, / colocó en el tajo gran yunque, y cogió con una mano / martillo poderoso y con la otra tenazas cogió’.

Cuando Hefesto finaliza: ‘Luego, cuando el ilustre patizambo elaboró todos los aparejos, / ante la madre de Aquiles los llevó y desplegó /. Ella, como un halcón, saltó del Olimpo nevado / llevando las armas brillantes de Hefesto”.

El relieve del Real Casino de Murcia presenta varias figuras sosteniendo otras partes de la armadura: a la derecha, en el suelo, alguien bruñe una greba ante un pedestal que sirve de base a un musculado torso (a modo de maniquí para la coraza) y una espada. El centro de la composición lo ocupa un personaje sentado (quizás, de nuevo, el propio Hefesto), que ofrece un enorme escudo a un atlético y desnudo varón. Podría representar al propio Aquiles (Pujante, 2014, 288) en una innovación del artista frente al texto iliádico donde, como se ha visto, el dios entrega las armas a Tetis y ella a su hijo.

El tema tendrá su correlato en la obra épica del poeta latino Virgilio, la Eneida en los versos 370-406 del libro 8, con otra madre, la diosa Venus persuadiendo a su propio esposo, el dios herrero romano, Vulcano, para que fabrique armas para su hijo Eneas, nacido de su relación con el humano Anquises. Las representaciones pictóricas de la fragua y sus protagonistas forjando armas han sido continuas a lo largo de los siglos.

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