LA CULTURA SIEMPRE VIVA

Portada del libreto del tango Bésame por Luís de Vicario. 1925.

ARS CASINO. Por Loreto López.
Algunos titulares de la prensa murciana, un día cualquiera de 1820:

Se anunciaba la segunda entrega de “Las Caracolas”, la novela regional de costumbres murcianas de Pedro Jara Carrillo.

El pintor Luís Garay contestaba airadamente al también pintor Joaquín García Fernández, conocido hoy como Joaquín, a raíz de una trifulca artística en el Círculo de Bellas Artes de la ciudad.

La actriz Margarita Xirgu.

El teatro de Abarán había vivido el día anterior uno de sus momentos más gloriosos, con la presencia de la compañía de la famosísima Margarita Xirgu y Enrique Borrás, representando la obra “Esclavitud” de José Luís Pinillos (Parmene). Mientras en el Teatro Ortiz de Murcia, que luego sería nuestro querido cine Rex, se había representado la zarzuela “Jugar con fuego” por la compañía de Manuel Velasco, también con favorables críticas y éxito de público, anunciando para los días siguientes, en funciones de tarde y noche, “Maruxa”.

La Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Murcia informaba de un próximo cursillo, de acceso libre, bajo el título “Historia de la Civilización española”, por el catedrático D. Pedro Casciaro y Parodi.

Xavier de Montepin publicaba su folletín por entregas, “La Venganza del Vizconde” en el faldón de una de las hojas del diario El Liberal.

Junto a estos, pero con igual relevancia informativa, se hablaba de las sesiones del Congreso, de Maura y de la Cierva, de algunos sucesos, de la crisis de la industria sericícola y la necesidad de mantener las moreras de nuestra tierra, de problemas en el ferrocarril y, como no podía ser menos, por enésimo día de la epidemia gripal que asolaba el mundo desde 1918.

Hoy día recordamos aquellos años 20 del pasado siglo con el adjetivo que le antecede y da lugar a un error histórico perpetuado: “los felices 20”…que no lo fueron tanto.

Mundo Gráfico. 1920. Representación en el Teatro Romea

El mundo se había visto asolado por dos motivos terribles, la I Guerra Mundial, recién terminada en 1918, y la mal llamada Gripe Española, que aún continuaba dando sus últimos coletazos, con un saldo de millones de víctimas por ambas causas. Con este panorama la entrada a la década de los 20 no fue para nada un momento de total bonanza y felicidad, aunque sí lo podamos considerar un respiro entre tanta tristeza y desolación.

En España, no habiendo participado en la contienda mundial, las cosas no estaban mucho mejor. Anclada en una sociedad decimonónica no superada, con graves atrasos en todos los ámbitos, sufría de todos los males heredados de entonces y de alguno añadido: la guerra de Marruecos, el auge del anarquismo y los nacionalismos y una economía ruinosa, con la consiguiente repercusión en las clases sociales más desfavorecidas.

Y en Murcia ¿qué pasaba? Pues, junto a estar sumida en la pésima situación general, el estado de nuestra Región era alarmante en los albores de esa década. Asolada por las sempiternas riadas, que en 1919 fue especialmente dañina, con unas comunicaciones heredadas de muchos siglos antes, que hacían casi impracticables los caminos, una agricultura e industria sin modernizar, perdiendo cada día su capacidad de expansión, una alfabetización que apenas llegaba al 40%, …ahí lo dejamos, como botón de muestra.

Portada del libro sobre Andrés Baquero de José Mª Ibañez. Ilustración de Gil de Vicario. 1922.

En esta situación surge, como iniciativa local (recordemos que desde 1833 Albacete formaba parte de nuestras fronteras), lo que se vino a denominar la “Semana Regional”, hoy le llamaríamos “el libro blanco de la Comunidad”, con el fin de tomar el pulso a nuestra enferma zona y buscar soluciones a tantos problemas. En principio este proyecto fue recibido con un entusiasmo admirable, toda la prensa se implica, salvando incluso las diferencias políticas, algo digno de destacar, dándole toda la publicidad posible y animando a la colaboración ciudadana, con el aporte de ideas que hicieran factible superar esa cruda realidad. Por desgracia todo se fue diluyendo a lo largo de tan solo unos meses y nunca llegó a realizarse este bienintencionado propósito.

En este desmoralizador panorama ¿qué es lo único que podemos salvar de ese momento histórico? ¡El auge de la cultura y el arte!

Algunos de ustedes pensarán “¡pues vaya tontería!”, pero no lo es.

Santo Domingo, 1924.

Además de bálsamo espiritual, tanto las letras como las bellas artes sufrieron una auténtica revolución y un empuje importantísimo para la posteridad, sin hablar de los avances científicos que pueden ser englobados en el apartado cultural y que, gracias al aumento de la actividad investigadora, se llevaron a cabo. A nivel mundial la lista de grandes pensadores, literatos, músicos, escenógrafos, artistas plásticos, escénicos y cinematográficos, arquitectos y científicos que desarrollaron parte importante de sus trabajos en esos años es tan amplia que no acabaríamos.

Murcia no se quedó atrás en este sentido y vivió, en la medida de sus posibilidades, esa fiebre creadora que de algún modo paliaba la dura situación. Como ejemplo, esos titulares que ocupaban las páginas de un periódico local, un día cualquiera, allá por 1920, hoy hace cien años.

Gracias, a nuestros creadores del pasado. Gracias, a nuestros creadores del presente.


Loreto López. Restauradora.

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