LA CASA MÉNDEZ

DE MURCIA AL CIELO. Por Carmen Celdrán.

Anoche soñé que volvía a… “Villa Rosalía”. Regresaba de Mazarrón, de las maravillosas playas murcianas y disfrutaba del paisaje del valle del Guadalentín, mirando distraída por la ventana del coche (no conducía yo). A la izquierda, entre el paisaje, divisé fugazmente el torreón de la Casa Méndez, en las afueras de Librilla. Me detuve un momento a comprobar con pena cómo sigue deteriorándose el caserón que un día construyó Andrés Méndez Alcaraz para su esposa, Rosalía Alcaraz.

La casa Méndez es una construcción ecléctica, casi podríamos decir que es grotesca en algunos de sus elementos. En su diseño aúna elementos moriscos con el modernismo y el clasicismo. Es una construcción típica de su época, de principios del siglo XX. Alrededor de la casa había un amplio jardín y huerto de estilo clásico, pero todo se ha perdido ya.

Andrés Méndez murió dejando seis hijos, de los cuales uno, José Méndez Ruiz, vivió enamorado de la casa de sus padres. José Méndez es uno de esos personajes tan propios de Murcia que triunfan fuera de nuestras fronteras pero que pasan desapercibidos en su tierra.

Méndez Ruiz fue un notable pintor del siglo XX, nacido en Madrid en 1936 y criado en Librilla donde todos lo conocían como Pepe Méndez, el pintor amable y cariñoso. José se estableció en Villa Rosalía y dedicó todo su esfuerzo a restaurar la casa y el huerto. Vendió sus bienes y lo empeñó todo en una propiedad que compartía con sus cinco hermanos. Pero además, fue un pintor reconocido. Recibió premios y reconocimientos fuera de Murcia, su obra se expone en el Reina Sofía… y en Murcia apenas se le recuerda por una calle en su amada Librilla. Y por la casa.


MÉNDEZ RUIZ FUE UN NOTABLE PINTOR DEL SIGLO XX. SE ESTABLECIÓ EN VILLA ROSALÍA Y DEDICÓ TODO SU ESFUERZO A RESTAURAR LA CASA Y EL HUERTO


A la muerte del pintor la casa quedó abandonada, comenzando su deterioro. Los okupas y los vándalos arrasaron con los muebles, destrozaron la escalera rasparon los frescos que José Méndez había añadido, robaron los sanitarios… Los herederos de José negociaron con el Ayuntamiento y acordaron una donación. La zona se recalificaría, se desarrollaría una urbanización y la casa quedaría enclavada en la misma destinada a uso municipal.

Estamos hablando de los años 90 del siglo pasado. Pero el tiempo pasó, el plan urbano se retrasó… y la casa continuó su decadencia. Tal es la ruina del inmueble que ni siquiera puede afirmarse con seguridad quién es su propietario y por tanto a quién corresponde su conservación, ya que el Ayuntamiento se niega a formalizar la donación en el lamentable estado que presenta y la familia afirma que la donación se produjo cuando el Pleno la aceptó y que por tanto corresponde a la corporación su mantenimiento y restauración.

Y mientras tanto, los lebrillanos y los murcianos en general nos perdemos una de las obras singulares de nuestro paisaje. Una más.


@carmenceldran

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