JERÓNIMO DE AYANZ Y BEAUMONT

DE MURCIA AL CIELO. Por Carmen Celdrán.
Hay pueblos que se afanan en divulgar sus hazañas, reales o inventadas, y ensalzar a sus grandes hijos, creando así una memoria colectiva de orgullo nacional. En España en general y en Murcia en particular, tenemos una enorme capacidad de olvidar a los mejores y enterrarlos bajo toneladas de ignorancia y desprecio. El caso de Jerónimo de Ayanz y Beaumont no es más que un ejemplo de ello.

Retrato de Jerónimo de Ayanz y Beaumont. Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, Eulogia Merle.

Navarro de nacimiento, el mejor inventor español del Siglo de Oro está enterrado en la capilla Dávalos de nuestra Catedral de Murcia, donde transcurrió gran parte de su vida; un genio polifacético perteneciente a una familia noble. Fue militar, inventor, ingeniero, comendador, regidor, político, pintor y músico.

Con catorce años, sus padres lo enviaron a Madrid para ser paje del joven príncipe Felipe. Allí adquirió una excelente formación, rica en todos los sentidos que le convirtió en un auténtico hombre del Renacimiento. Sirvió en el ejército en las batallas de La Goleta, Lombardía, Flandes y Portugal. En Flandes fue herido gravemente en una acción en que se hizo famoso por su valor y su fuerza física. Por su bravura y coraje, Felipe II le nombró Caballero de Calatrava. Se sabe que aquel soldado tenía una fortaleza sobrehumana de la que hacía gala en el combate y además era un buen estratega militar. Ambos eran atributos muy apreciados en el Siglo de Oro. Lo que no se conoce es su físico ya que ni un solo retrato ha quedado para la historia.

Lope de Vega llegó a escribir sobre él una comedia, donde le comparaba con Alceo, el abuelo de Hércules:

“Esta es fuerza, señor de la prudencia.
La fuerza corporal al cuerpo alcanza
Como la que se vio por excelencia
en el gran Gerónimo de Ayanza”

También Baltasar Gracián en su obra «El Criticón» dice: “Persona forzuda, capaz de romper una baraja con una mano”.

En 1582, el rey Felipe II lo condecoró por descubrir un complot contra él, lo que le valió una suculenta renta vitalicia. En 1584, con 31 años, el rey lo envía a Murcia donde ejerce cargos como regidor de aquel reino, comendador de Abanilla y gobernador de Martos. También es nombrado Administrador General de las minas del reino.

Boceto sistema de vapor.

Boceto de toma de agua.

En Murcia contrajo matrimonio con Blanca Dávalos Pagán, que falleció al poco tiempo, y más tarde con su hermana pequeña, María Luisa, con la que tuvo cuatro hijos que murieron muy jóvenes.

Durante sus viajes desarrolló una enorme capacidad inventora. Estando en Valladolid creó un “traje de buzo” que probó con éxito en el Pisuerga, permitiendo a los buceadores permanecer mucho más tiempo sumergidos. También se dedicó a la hidráulica, diseñando las primeras presas de arco. Jerónimo fue el responsable del drenaje y regadío de las zonas de Santomera y el Raal. También ordenó la reconstrucción de las torres de vigilancia de la costa y consiguió que Cartagena fuera puerto de invierno para las galeras.


Sería bueno que en Murcia o Cartagena se dedicara una calle al Leonardo da Vinci español


Como administrador de minas, Jerónimo concibió un sistema mecánico que permitía extraer el agua del interior y a la vez introducir aire refrigerado en las galerías. Primero utilizó un sifón accionado por la presión atmosférica pero pronto mejoró el diseño utilizando la fuerza del vapor para empujar el agua desde el interior hacia afuera y también se empleaba para dirigir aire hacia las entrañas de la explotación, que previamente se enfriaba cuando se disponía de nieve.

De este desarrollo surgen dos inventos geniales como son la máquina de vapor y el aire acondicionado, que se irían perfeccionando en los siglos siguientes, aunque los principios ya habían quedado establecidos por Jerónimo de Ayanz.

De haber tenido la fortuna de nacer en otro país, su vida habría llenado libros y habría inspirado películas y series. En España su memoria queda relegada al olvido. Una nación también se forja sobre la memoria de sus miembros ilustres, por eso sería bueno que en Murcia o Cartagena se dedicara una calle al Leonardo da Vinci español.


@CarmenCeldran

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