GONZÁLEZ BELTRÁN, EL RENACER DE LOS MITOS

Por Loreto López. Fotografías: Ana Bernal.

Estos días, al entrar a la Galería Central del Real Casino de Murcia, nos sorprende precisamente no asombrarnos ante la presencia de la obra del escultor Mariano González Beltrán, que ya podemos considerar como asiduo de este extraordinario espacio (aún reciente en la memoria su deliciosa exposición de 2016) que parece hecho a la medida de sus creaciones.
“De Dioses y Hombres” complace desde el primer momento al visitante por su estética, por la naturaleza plástica de la belleza del cuerpo humano, hecha de orden y armonía; después el espectador repara en el detalle y sentido de la pieza, en su originalidad.


“DE DIOSES Y HOMBRES” COMPLACE DESDE EL PRIMER MOMENTO AL VISITANTE POR SU ESTÉTICA, POR LA NATURALEZA PLÁSTICA DE LA BELLEZA DEL CUERPO HUMANO, HECHA DE ORDEN Y ARMONÍA


Volver la mirada al mundo Clásico es una constante periódica en la historia de la cultura occidental, tanto desde el punto de vista estilístico, frente a cuya obra el espectador no solo se siente cómodo, sino que se deleita ante algo equilibrado, lógico y cuidado, en resumidas cuentas: bello, donde el artista ha trabajado una armonía que nuestro ojo, de forma natural, tiende a buscar; así como en la representación de sus mitos, fuente intemporal de inspiración, identificada con las sempiternas aspiraciones del hombre y con las debilidades de aquellos dioses humanizados, que nos legaron nuestros antepasados greco-romanos.

En definitiva, el artista nunca abandonará este momento histórico, puesto que en la antigüedad clásica se han encontrado unas raíces con las que nos sentimos identificados, mostrando una entrega absoluta, tanto con la obra como con el espectador.

Desde los poetas épicos, como Homero, y más tarde los genealógicos, como Hesíodo, los dioses son representados como seres sometidos a los motivos y a las pasiones propias de los hombres. Tras esto, los escultores griegos cristalizaron la idea al dotarlos de forma humana y visible. Igual que ellos, González Beltrán sigue su estela y hace un guiño divertido, en la deliciosa composición “El juego de los dioses” donde las figuras, despreocupadas y lúdicas, se solazan en el divertimento ingenuamente infantil de la pelota, hombres-dioses o dioses-hombres, en resumidas cuentas, tanto da en la búsqueda de la distracción. Quizás una excusa del autor para la representación de la belleza del cuerpo en movimiento o, como nos indica él mismo, la transposición de su idea de que los dioses no podían contentarse solo con pasar su eternidad inactivos.


VEO EN EL ÍCARO UNA IDENTIFICACIÓN CON EL MISMO ESCULTOR, UN HOMBRE DE TRATO SENCILLO Y CERCANO QUE HA DEMOSTRADO LA VALENTÍA DEL EMPEÑO EN ALCANZAR LAS MÁS ALTAS COTAS DEL HACER ARTÍSTICO


En el recorrido por la exposición, la identificación de otros personajes mitológicos es fácil, a poco que se conozca algo de los símbolos que representan a cada uno de ellos, así Mercurio o Baco, fieles a la tradición; los dos momentos de un rapto de Europa por Zeus, transformado en toro, en los que para el autor es más importante la captación del instante de ese arranque brutal de la bestia y su efecto dislocador sobre la figura femenina. Otros toros representan en solitario a ese Zeus poderoso, según las explicaciones del propio autor, sin las extremidades y sobre elevados de su base, para significar su carácter divino; en su Laocoonte interpreta una modernización del mito de la lucha del hombre frente al mal, sustituyendo acertadamente las serpientes por modernos engranajes de máquinas.

Pero sin duda la pieza estrella de la exposición es el Ícaro que, desde la ligera elevación de la Exedra, se alza hermosísimo e imponente, concentrado en la observación de sus recién estrenadas alas, desplegadas en el instante de alzar el vuelo arriesgado pero liberador. No podemos olvidar que si bien el mito de Ícaro se relaciona con la ambición del ser humano, el origen está en la necesidad de Dédalo, su padre, de ingeniar un mecanismo que les facilitara la evasión de su prisión en Creta. Mariano González Beltrán nos muestra en todos y cada uno de sus Ícaros, figura que se repite en una amplia serie de esta exposición, al hombre valiente e ilusionado en la consecución de la proeza, no al derrotado por su osadía que nos ha legado el mito. Quiero ver en este personaje una identificación con el mismo escultor, un hombre de trato sencillo y cercano que, en su ya larga trayectoria, ha demostrado la valentía del empeño en alcanzar las más altas cotas del hacer artístico.

Técnicamente González Beltrán nuevamente nos muestra su dominio de los materiales, bronces nacidos del modelado en barro, cuya impronta queda intencionada y perfectamente reflejada, y las nuevas aportaciones de las resinas, e igual que si se tratara de un autor renacentista, va del acabado de apariencia pulcra de algunas piezas o de amplias zonas de otras, dentro del más ortodoxo clasicismo, al “non finito”, a la manera del manierismo de Miguel Ángel, donde el escultor trabaja la materia primigenia, el barro que da origen a la obra, creando los volúmenes a partir de la silueta de los perfiles, y siempre dejando la huella de su propia mano como seña de identidad.

Bronces que nos hablan del barro, algunas con acabados que nos sugieren una antigüedad casi arqueológica; resinas que se nos muestran desnudas, con apariencia cercana a aquellos mármoles impolutos que, desde el Renacimiento, nos han sugerido la perfección. Pero invariablemente demostrando un exquisito virtuosismo.


LA EXEDRA DEL REAL CASINO DE MURCIA ES EL MEJOR ESCENARIO POSIBLE PARA LA PERFECTA BELLEZA DE ESTE SÍMBOLO DEL IDEAL HUMANO


De izq. a dcha.: Mariano González Beltrán, Javier Celdrán, exconsejero de Cultura, y Juan Antonio Megías, presidente del Real Casino.

Mariano González Beltrán.

En su History of Ancient Art, publicado en 1764, el famoso arqueólogo e historiador alemán Joachim Winckelmann escribió: “Un cuerpo hermoso, en consecuencia, es tanto más hermoso cuanto más blanco es”, por lo que concluía que el color blanco puro era constitutivo del ideal de belleza de la antigüedad. Así contemplamos este Ícaro, sugerente como interpretara Leonardo al “hombre de Vitrubio”, que, gracias a la generosidad de Mariano González Beltrán, permanecerá expuesto de forma permanente en la Exedra del Real Casino de Murcia, el mejor escenario posible para la perfecta belleza de este símbolo del ideal humano.


ARS CASINO. Loreto López. Restauradora.

Ana Bernal. Fotógrafa.

 

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