ETIMOLOGÍAS REGIONALES: ALEDO

Por Santiago Delgado.
El simpático pueblo que parece defender Sierra Espuña por el sur tiene un origen insospechado. Digo el nombre, claro. No es árabe, no es romano. Es ibérico. Debido a su fácil enunciación ha resistido el paso del tiempo: romanos, visigodos, árabes y castellanos. Hoy es español, sin más. No tiene perdón el murciano que no ha ido a ver Aledo. Nido de águilas lo llamaron en el medievo. Ahí está, como el faro de un cabo que avisase a los navegantes de Sangonera de la existencia del roquedo inmenso de Espuña. O el mascarón de proa de un barco que, apresado en el interior espuñero, ha logrado salir de su encierro y se dispone a llegar al mar por Mazarrón. Me quedo en el teclado otra imagen que se me ha ocurrido, porque ésta es una prosa etimológica, que si no…

Bueno, pues lo que parece ser es que la forma inicial es “ale-eto”; más o menos, conjunto de árboles. La sílaba “al”, en inicio de palabra y tratándose de topónimo pudiera confundirnos con un topónimo árabe, como Alguazas o Algezares. Pero no. El vasco, testigo de las antiguas lenguas iberas, desde Huelva a Gerona, tiene Alsasua, Alkorta y otras muchas. Hoy, “ale/al” significa en vasco “grano”, pero también cualquier árbol de los que admite el apelativo de carrasca: roble en primer lugar, pero también encina, olmo y, asimismo, negrillo. No admite frutales. Es de pensar que los íberos que vieron aquella mesetita tan coqueta, que tiene vistas a todo el entorno, y que por detrás la protege la mole espuñera, se dijeron:

-¡Tate, subimos, desforestamos entera la mesetita, le conservamos el nombre que le hemos puesto de visu. Y ya está: Aledo. ¡Habemus pueblum! ¡Pa siempre, además!

Las glorias de Aledo han sido muchas, como la del paladín García Jiménez, guerrero de Alfonso VI, pero leal y sin altivez; antes bien, sumiso y obediente a su señor, y que no hacía la guerra por su cuenta, como el Sidi Rodrigo. Los sucesos de aquel 1084 (o por ahí), en Aledo, fueron los más importantes de toda la península, sin lugar a dudas. Luego, Alfonso X escribió allí una Cantiga, acaso la de la Arrixaca.

Desde Aledo, el Comendador Lisón advirtió desde su atalaya, en 1453, las humaredas que la morisma había provocado en todo el litoral del Mar Menor. Y con tropas murcianas y lorquinas, salió a cortarles el paso a los granaínos que volvían con botín y esclavos, en los Alporchones.

Tener a Fraga Iribarne en el altar como benefactor es notorio fecho de no ocultar. A ver si este año voy a la Noche en Vela, poesía y llamitas, en el mes de agosto. Con Dios.


@sanmadelmar

Compartir...
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *