“ESCRIBIR ESTA NOVELA HA SIDO UN DESCENSO A LOS INFIERNOS”

ENTREVISTA A MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ. AUTOR DE ‘EL DOLOR DE LOS DEMÁS’.

Por Elena García.
Cuando el escritor Miguel Ángel Hernandez (Murcia, 1977) tenía 18 años su mejor amigo asesinó a su hermana y se suicidó. En torno a ese horrible e inexplicable fratricidio que le marcó su juventud gira su última y aclamada novela ‘El dolor de los demás’ (Anagrama, 2018). Pero el crimen es tan solo el trasfondo de un texto inundado de confesiones autobiográficas, donde reflexiona sobre la imposibilidad de olvidar el pasado, “el pasado permanece y nos acompaña eternamente, como una sombra que no siempre podemos descifrar”; la religión, “la Iglesia está dentro de mí; la culpa, el pecado, los prejuicios”; o el peligro de las palabras, “escribiendo no siempre se gana, a veces también naufragamos en el dolor de los demás”. Ambientada en la huerta murciana, “la huerta es un lugar, pero también es una imagen, un espacio mítico”, el escritor e historiador de Arte convierte Murcia en territorio literario, haciéndola universal.

Sorprende que a pesar de abordar la historia de un crimen atroz, en la novela huyes de cualquier elemento morboso. El respeto es una constante. La novela parte de un hecho que podría haber dado origen a un libro completamente diferente, como una novela negra. Podría haber tirado hacia lo escabroso, que es lo que más vende o lo que más le gusta a la gente. Estamos rodeados de pornografía sentimental, pero yo sabía que ese no era el camino que quería recorrer. A lo largo de toda la novela me pregunto para qué sirve escribir, el daño que puede causar la escritura y cuál es mi responsabilidad como escritor. Especialmente al hablar de hechos reales, cuando se pone algo del ámbito público en el ámbito privado, ya sea en un tweet o en un libro, la ética es esencial.


“ESTAMOS RODEADOS DE PORNOGRAFÍA SENTIMENTAL”


¿Dónde quedan los límites de la escritura? Vivimos en una sociedad donde queremos que todo sea transparente, pero no todas las historias se tienen que contar. En la novela hablo mucho sobre el crimen, pero hay aspectos que decido no contar. Soy consciente de que no es posible llegar a una verdad absoluta y decido no seguir indagando en los hechos. Al principio intento saber qué ocurrió esa noche trágica, pero cuando avanzo en la novela me doy cuenta de que el crimen que realmente busco resolver es el mío propio, el que yo cometí con mi pasado.

Cuentas la historia de un crimen, pero te sirve para contar tu propia historia. Realizas íntimas confesiones autobiográficas y, al mismo tiempo, compartes con el lector los caminos que te llevan a escribir el libro. En todo momento hago partícipe al lector del proceso de creación de la novela. El lector va descubriendo las decisiones, los fracasos, los conflictos que vive el escritor mientras crea el libro. Algunos me han comentado que es como una especie de curso de escritura. Desde el primer momento me cuestiono sobre cuál es el género, el formato o la mejor manera de escribir una historia que me toca tan de cerca. Esa era la primera pregunta y recorre todo el libro.

En ‘El País’ han dicho que “creará escuela”. La escuela ya está creada. Hay una línea de escritores, como Vila-Matas, Javier Cercas o Paul Auster que reflexionan sobre el proceso de construcción de la novela, haciendo partícipe al lector de que lo que tiene entre manos es algo que se ha escritor por alguien, que toma una serie de decisiones.


“LA HUERTA ES EL GRAN PERSONAJE DE LA NOVELA. EN LA LITERATURA EXISTEN PREJUICIOS PARA NOMBRAR LO CERCANO”


“Escribo La Huerta y realmente no tengo muy claro cómo nombrar el lugar en el que viví”. La novela se ambienta en un espacio familiar para los murcianos, pero menos reconocible fuera. ¿Ha destapado un universo desconocido? La huerta es el gran personaje de la novela. Había muy poco escrito sobre ella, no ha sido un territorio literario muy transitado. Entre otros aspectos, porque en la literatura existen prejuicios para nombrar lo cercano. Parece que las historias tienen que pasar en Nueva York, en California, en Madrid, en Barcelona… Me di cuenta de que todo territorio sobre el que se escribe puede ser literario, si logras llevarlo más allá de la anécdota. He intentado que la historia trascienda para que cualquiera que la lea identifique una serie de constantes universales, aspectos comunes de todos los lugares pequeños, cerrados o aislados, donde hay mucho control entre los vecinos y las familias, a medio camino entre la modernidad y lo rural. He universalizado Murcia y la huerta.
Me ha escrito gente del País Vasco o de Galicia diciéndome que había contado su adolescencia en el pueblo, en el pazo… Me ha hecho mucha ilusión.

Poco después de publicar el libro comentó en una entrevista que se había quedado destrozado. ¿La escritura no es sanadora? El proceso de escritura fue bastante traumático porque supone enfrentarse a aspectos no resueltos del pasado. En la memoria no hay tiempo, el pasado y el presente van de la mano. Escribir es una forma de convocar a los fantasmas, es como hacer una guija, es un descenso a los infiernos. Pero que lean lo que uno escribe sí reconforta. Desde que publiqué la novela he recibido muchos comentarios de lectores y he tenido muchas conversaciones en actos y presentaciones, y es entonces cuando te das cuenta de que ese mundo que creías privado es compartido por otras personas. Dejas de sentirte solo cuando hay alguien que te escucha, te sientes comprendido, y eso sí ayuda. Ésta es una de las potencias de la literatura. Ocurre cuando uno lee, que te sientes reflejado en los personajes y te sirve de compañía; pero ocurre también cuando uno escribe: la lectura de los demás te hace ver que no estás solo.


“ESCRIBIR ES UNA FORMA DE CONVOCAR A LOS FANTASMAS, ES COMO HACER UNA GUIJA”


¿Está satisfecho con la acogida que ha tenido el libro? Satisfecho y sorprendido. He recibido una respuesta muy afectiva y emotiva, y eso es algo que no me había pasado con los otros libros. Muchas personas se han sentido identificadas. Supongo que sucede porque es un libro que me afecta mucho más que los otros. Estoy contando mi vida y los comentarios que me hacen del libro son comentarios que hacen de mí, de mis propias vivencias personales y familiares. Conectar con la gente en ese ámbito me hace especialmente feliz. Siento que ha servido para algo.

Y las personas que aparecen en el libro, ¿cómo han reaccionado? Eso da para otra novela. La recepción del libro ha tenido cosas muy curiosas. De hecho, a principios de abril publico un diario que escribí mientras escribía la novela, en el que hablo de cómo han reaccionado las personas que se han visto en el libro. En general a la gente le ha gustado aparecer en la novela, y ese era uno de los aspectos más difíciles. He intentado tratar con respeto a todos los personajes y aun así soy consciente de que hay personas, como los familiares de mi amigo, que hubieran preferido que no escribiese esta novela. Es literatura, pero también es vida y tienes que tratar a los personajes igual que tratas a las personas. Eso ha hecho que el proceso de escritura fuera mucho más tenso. Hablas de personas con las que tienes una responsabilidad. En la ficción puedes hacer lo que quieres, pero en la realidad estás más sujeto.


“EN LA MEMORIA NO HAY TIEMPO, EL PASADO Y EL PRESENTE VAN DE LA MANO”


¿Entonces habrá una segunda parte? No quería hacer una segunda parte. El diario que voy a publicar me sirve para cerrar un ciclo de escritura muy autobiográfico. Después quiero darme un baño de ficción. Ya tengo algo en la cabeza. Escribiré sobre las mismas cosas que me obsesionan (el pasado, la muerte, la imagen, la memoria…) pero sin identificarme con el personaje y sin que nadie real se pueda sentir herido.

Si tuviera que elegir entre el arte, al que ha dedicado su profesión, y la literatura, ¿qué elegiría? La literatura, sin lugar a dudas. El arte es mi trabajo, la escritura es mi hobby. Casi todo lo que escribo tiene que ver con el arte, pero me interesa más leer que ver exposiciones; me gusta más escribir novelas que críticas de arte. El arte tiene que ver con una economía del lujo burguesa, y la literatura es algo mucho más democrático, son las historias que se cuenta la gente, y creo que es mucho más necesario.


 

MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ PARTICIPA EN ALADOS DIÁLOGOS
El escritor e historiador de Arte participó en la tertulia ‘Alados Diálogos’ del Real Casino de Murcia, ofreciendo la ponencia titulada ‘¿Por qué no (nos) gusta el arte contemporáneo?’. El Congresillo estuvo abarrotado de personas que quisieron escuchar a Miguel Ángel Hernández. El arte de vanguardia o experimental, explicó el ponente, “surge a finales del siglo XIX con la expulsión de los impresionistas de la oficialidad, y llega hasta nuestros días”. Si no lo entendemos, apuntó el experto, “es porque no se nos ha explicado; el discurso artístico se ha alejado del público”. Sin embargo, señaló, “el arte se lee y se interpreta; las obras trabajan con unos códigos que necesitamos entender para comprender la obra”. Pero afirmó que “es legítimo que no nos guste”. “A la relación entre la cultura y la civilización habría que darle una vuelta: no por ser más culto se es mejor persona”, manifestó.

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