EL ENIGMA DE LA CONTEMPLACIÓN

Tras exponer en la Fundación Cajamurcia de Madrid, Manolo Pardo presenta en el Real Casino su muestra ‘Tres horas en el Museo del Prado’

Por Elena García.
Larga es la trayectoria artística del pintor Manolo Pardo, que muestra por primera vez sus obras en el Real Casino de Murcia, con su exposición titulada ‘Tres horas en el Museo del Prado’. Con su propuesta nos invita a dar un paseo por los grandes hitos de la Historia del Arte, pero con la mirada puesta en los visitantes que observan esos cuadros inolvidables, convirtiendo la contemplación en objeto de estudio y tema central sobre el que gira toda la exhibición. Será del 4 al 29 de abril, en la Sala Alta de la entidad.

“Tras mis visitas a los grandes museos empecé a intrigarme y me surgieron preguntas: ¿A qué viene esta gente al museo? ¿Por qué están mirando los cuadros? ¿Qué sienten?”. Movido por el deseo de descubrir, Pardo comenzó a tomar apuntes de las figuras que se instalaban frente a las obras. Estudió sus gestos, sus posturas, sus miradas, y analizó ese íntimo encuentro entre el arte y el espectador.


“¿A qué viene esta gente al museo? ¿Por qué están mirando los cuadros? ¿Qué sienten?”, se pregunta Pardo


Vislumbramos a través de sus cuadros grandes clásicos de la pintura universal como Las Hilanderas y Las Meninas, de Velázquez; Las Majas y Los Aquelarres, de Goya; o Las tres Gracias, de Rubens. Pero Pardo insiste: “Mi tema no son los cuadros clásicos, sino la gente que va a ver el museo”. De este modo conecta al espectador imaginario y al real, y nos envuelve en su universo creativo.

“Manolo Pardo establece vínculos entre el pasado y el presente, entre el fondo y el primer plano, y hace que la disociación entre uno y otro se quebrante y que pueda haber una continuidad en el relato”, expresa la catedrática de Historia del Arte, Conchita de la Peña. “Al introducir el espacio real en el pictórico, nos convierte en espectador de espectadores. Nos hace contempladores de la contemplación y de las historias únicas vividas por cada personaje”, reflexiona.

El título de la muestra, que se exhibió en la Fundación Cajamurcia de Madrid en 2016, es homónimo al del libro de Eugenio D’Ors en el que se inspiró para iniciar este proyecto. Publicado en 1991, D’Ors realiza un paseo por el Prado mientras le explica a un joven visitante algunas de las obras más destacadas, y le desvela los principales fundamentos estéticos del arte. Del mismo modo, Pardo nos lleva de viaje a través de las salas del Prado, y deja constancia no solo de las grandes obras, sino de las personas que las admiran. Nos habla del museo en el tiempo actual, le toma el pulso y recoge su latido.


Pardo nos lleva de viaje a través de las salas del Prado y deja constancia no solo de las grandes obras, sino de las personas que las admiran


El comisario de arte Miguel Olmos es el responsable de que las obras de Pardo se muestren en el Real Casino. “Cuando la muestra se expuso en Madrid, había personas que pensaban que la sala donde se exhibían en la Fundación Cajamurcia era como una extensión del Museo del Prado. Era un proyecto de gran calidad y merecía la pena traerlo al Casino. Pardo trabaja una figuración clásica muy personal, adaptada a un estilo propio auténtico”, explica Olmos. “Lo interesante son los primeros planos, los personajes que miran, aunque de fondo se entrevean las obras clásicas”, añade.

En el catálogo de la muestra, el crítico de arte Juan García Sandoval afirma que la exposición es “un homenaje a los museos en general, como lugares educativos, de formación y de valor social, que van más allá de las funciones clásicas de conservar, exponer, difundir, restaurar y adquirir”.

Con su propuesta, Manolo Pardo nos hará pensar sobre la conexión que las personas establecen con el arte y sobre el papel que desempeñan los museos en el tiempo actual. Pero además, nos invitará a dejarnos llevar por la belleza de sus trazos, impregnados de modernidad. Una exposición evocadora, que nos anima a contemplar lo tantas veces contemplado, pero desde una perspectiva nueva y original. No se la pierdan.

Fotografía de Javier Salinas.


Elena García

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