EL SITIO DE BALER

La odisea de los 55 españoles que resistieron un asedio de un año defendiendo las Filipinas en 1898


Por C. Alcántara.

Imagínense la estampa: una guerra perdida, un destacamento aislado, unos hombres que se niegan a rendirse a pesar de que su país ya había tirado la toalla. Es la historia que protagonizaron 55 españoles en las Filipinas de 1898, el año aciago en el que España pierde sus últimas colonias y la ilusión de ser una potencia mundial. Y sin embargo, aquellos hombres resistieron como auténticos héroes, como si su resistencia pudiera salvar algo de aquel imperio perdido.
“Es una hazaña que se estudia en las academias militares de todo el mundo y en España no tenemos ni idea. Lo ponen como ejemplo de una fuerza militar que cumple con su deber hasta las últimas consecuencias”, explica Ginés Fernández Vicente, que se encargó de descubrir la gesta en la conferencia “Los héroes de Baler cumplieron con su deber. Dignidad y lealtad murcianas en las Filipinas españolas de finales del siglo XIX”. En efecto, había dos aguerridos murcianos entre ellos, Luis Cervantes Dato (Mula) y Francisco Real Yuste (Yecla). “Ellos no fueron allí para ser héroes pero cumplieron con su deber”.
Los últimos de Filipinas, como también se los conoce, le echaron valor a la situación. En diciembre de 1898 España y Estados Unidos firmaban el Tratado de París que ponía fin a la guerra entre ambos países (que habían firmado un alto el fuego en agosto). Pero los integrantes de aquel destacamento no se creyeron la rendición de España y aguantaron 337 días de asedio refugiados en la iglesia del pueblo de Baler, en la isla filipina de Luzón, sufriendo todo tipo de calamidades.
“Hay una clave que es la iglesia del pueblo, construida en 1750 como refugio con muros de metro y medio de ancho, una auténtica fortaleza”, explica Fernández Vicente. Así que la resistencia de los propios soldados es lo que marcaba la diferencia. Resistencia al hambre, a las enfermedades y hasta a la locura de permanecer aislados durante tanto tiempo. “Tuvieron que hacer unas peripecias para sobrevivir tremendas”, señala. Episodios de beriberi (avitaminosis) y disentiría se cobraron la vida de 15 personas. Otros dos soldados murieron por heridas de bala, seis desertaron y dos más fueron fusilados por traición.
Los filipinos intentaron en vano la rendición de las tropas españolas mediante el envío de noticias. También las autoridades españolas mandaron repetidas misivas y enviados para lograr su rendición sin éxito. “Llegaron a estar rodeados por más de 800 soldados. Nunca se creyeron que España se había rendido”, señala.
Sería un periódico el que les convenciera finalmente de que la rendición de España no era un engaño y el 2 de junio de 1899 el destacamento se rindió dando fin al asedio. El presidente filipino, Emilio Aguinaldo, que había sido líder de los tagalos, emitió un decreto en el que exaltaba su valor y, tras una acogida apoteósica en la capital filipina, los supervivientes fueron repatriados a España, donde también fueron recibidos con honores. A cada uno el estado le otorgó una pensión vitalicia. Sin embargo, muchos murieron en la miseria. “Los murcianos nunca llegaron a cobrarla. Eran gente humilde y a muchos los engañaron”, explica.
El teniente Saturnino Martín Cerezo, al mando del destacamento, dejó constancia pormenorizada de la hazaña en un libro años después. Además, esta insólita y obstinada forma de resistencia se estudia en la actualidad en la academia rusa de Frunze, en la americana de West Point y en la francesa de Saint Cyr. En España, según subraya Fernández Vicente, ni se menta. De momento.

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