EL MENJÚ

DE MURCIA AL CIELO. Por Carmen Celdrán.

Desde que Tarik ibn Ziyad cruzó el estrecho de Gibraltar en el año 711, la península ibérica quedó sometida en su práctica totalidad al dominio musulmán. Pero el Islam no era entonces -como no lo es hoy día- un bloque monolítico, sino que pronto se revelaron facciones y movimientos enfrentados. Además, como suele suceder en la historia, los conquistadores, aunque dominen militarmente, se ven transformados y enriquecidos culturalmente por los vencidos. En nuestro caso, durante los 700 años de la presencia árabe, los dominadores se mezclaron con la población local (hispanorromana) adquiriendo buena parte de sus costumbres, creándose una cultura andalusí diferente de la desarrollada por los musulmanes de otros territorios.

En buena medida, la historia de la presencia musulmana en la península es la historia de la formación de una cultura y una nación peculiar y su resistencia frente a los intentos de dominación de otros pueblos musulmanes. Estas guerras intestinas serán aprovechadas por los reinos cristianos del norte para conquistar terreno a los musulmanes, aunque ello también supondrá crear una nueva cultura hispana que asimilará muchas de las costumbres musulmanas.


IBN HUD FUE, PROBABLEMENTE, UN LÍDER DEMAGOGO Y POPULISTA, ACLAMADO POR LAS MASAS PERO INCAPAZ DE GESTIONAR EL PODER DE MANERA EFICAZ


Dentro de ese conflicto multilateral, que enfrentaba a cristianos (castellanos y aragoneses) y musulmanes (almohades, almoravides, bereberes, etc.) y cuando la partida estaba prácticamente ganada por los reyes cristianos, surge en el Valle de Ricote un último fogonazo de esplendor que llevó el nombre de Murcia hasta más allá de Sevilla y plantó cara -sin éxito- a las monarquías cristianas. Ibn Hud fue, probablemente, un líder demagogo y populista, aclamado por las masas pero incapaz de gestionar el poder de manera eficaz, pero representa, cien años después del Rey Lobo, Ibn Mardanis, el orgullo de un pueblo que se consideraba independiente y no quería someterse al integrismo de los almohades.

Del reinado de Ibn Hud nos queda en la ciudad de Murcia el Alcázar Seguir, transformado en Monasterio de Santa Clara la Real, pero también guarda memoria del caudillo árabe un paraje en el término de Cieza, a orillas del río Segura.

Las fuentes no aclaran el porqué del topónimo pero según los filólogos el nombre actual del  “menjú” proviene, por corrupción, del árabe Ibn Hud (o Aben Hud). Parece ser que el paraje aparece denominado así en los documentos en que se hace referencia al pago de diezmos al Comendador de la Orden de Santiago.

Pero más allá del nombre del lugar, el Menjú entra a la historia de la mano de un personaje relevante de la sociedad murciana de principios del siglo XX: D. Joaquín Payá, fue diplomático en Shangai y posteriormente director general del Banco de Cartagena, precursor del actual Banco de Santander. Según cuentan las crónicas de la época, Payá era el representante del Conde de Romanones. Don Joaquín era uno de esos ilustrados liberales que leía a los clásicos en griego y sentía verdadera admiración por el mundo antiguo, que en Payá se combinaba a la perfección por la fe y esperanza en el progreso y el futuro. Era además, D. Joaquín, un notable poeta.

A UN MI AMIGO Y CONSEJERO.
La quiero por su cutis trasparente
que colora su sangre alborotada,
y porque cuando besa enamorada
marca la piel como el metal candente.
La quiero por su limpia y blanca frente
de suave nimbo de oro coronada,
y por la intensa luz de su mirada
que vibra como el rayo omnipotente.
La quiero por la dulce curvatura
de su busto magnífico de diosa…,
¿Y mi amor calificas de locura
diciéndome que es mala? ¡Brava cosa!
Yo busco en las mujeres la hermosura
¿y qué mujer no es mala siendo hermosa?

JOAQUÍN PAYA. Cartagena Artística. 1/8/1891


EL EMBLEMÁTICO PARAJE DEL MENJÚ REUNIÓ EL ARTE CLÁSICO CON LA MODERNIDAD Y FUE SIGNO DE ESPLENDOR EN LOS AÑOS 20 DEL SIGLO PASADO


Todas estas cualidades se dieron de modo admirable en El Menjú. D. Joaquín adquirió la finca a principios del siglo XX. El Eco de Cartagena del 4 de mayo de 1910 reproduce una nota del diario El Liberal donde destaca que D. Joaquín Payá, consciente de la escasez y penuria de sus conciudadanos, había contratado a gran número de obreros para realizar las obras que tenía en marcha, entre otros, en el Menjú. En 1911 la prensa tilda la finca de El Menjú de “magnífica posesión”. En la finca, D. Joaquín construyó una especie de jardín botánico, que aún hoy subsiste aunque en pésimas condiciones. En el interior del jardín había plantas exóticas, un paseo con columnas de mármol, estatuillas y varias placetas, así como un reloj de sol construido en el suelo con azulejos. En la parte alta de la finca instaló una balsa con una estatuilla denominada la Diosa del Amor.

Pero junto a ello, el espíritu ilustrado de D. Joaquín le llevó a aprovechar el cauce del segura que discurre junto a la finca para instalar la primera central hidroeléctrica de la Región de Murcia, suministrando electricidad a todas las poblaciones vecinas. Junto al Menjú, Payá instaló centrales en diversos puntos de la Región, a través de la compañía “La Eléctrica del Segura” extendiendo así la cobertura. También se dedicó a la conserva y a la explotación de minas de hierro.


@carmenceldran

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