EL MAR MENOR: LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO

DE MURCIA AL CIELO. Por Carmen Celdrán.

Cuentan los geólogos que el Mar Menor es fruto de un largo proceso geológico cuyo origen se remonta a la noche de los tiempos. En su formación, al parecer, fueron decisivos los aportes de sedimentos del río Segura, aportados desde su desembocadura en Santa Pola, así como una fuerte corriente norte-sur que los empujaba hacia una amplia bahía que se abría desde San Pedro del Pinatar hasta Cabo de Palos, colmatándola primero y cerrándola después, con la ayuda de los enclaves rocosos de Calnegre, Monteblanco, Pedrucho, Estacio y Punta de Algas. En el proceso fueron fundamentales la Isla Grosa, el Farallón y el bajo de la Campana, que canalizaron los sedimentos hacia la costa. Por otro lado, los sedimentos aportados por la rambla del Albujón ayudaron en el proceso. Se trata, en fin, como toda la geología, de una delicada combinación de elementos que, con el paso de los siglos, conforma un paisaje único. El clima y la acción del hombre son los encargados de determinar su flora, su fauna y el aspecto definitivo que presenta.


El Mar Menor, posiblemente por sus peculiares condiciones geológicas y climáticas, ha sido sometido a una profunda presión humana


En el caso del Mar Menor, posiblemente por sus peculiares condiciones geológicas y climáticas, ha sido sometido a una profunda presión humana. A escasos metros de la laguna, en Cueva Victoria, se encuentran lo que podrían ser los restos más antiguos de presencia humana en Europa. Además, muy cerca, en la Sima de las Palomas se halla el yacimiento neandertal más importante del mediterráneo español.

Ya en tiempos históricos, hace 2.700 años, la Manga no estaba totalmente cerrada sino que, probablemente, existía un amplio espacio entre Cabo de Palos y la Punta de la Raja (Plaza Bohemia) que permitía la navegación al interior de la laguna. La cercanía de la sierra minera permitió desde muy pronto que los nativos establecieran poblaciones a la orilla del mar en los que atracaban las naves fenicias y griegas que comerciaban con los indígenas. Numerosos restos arqueológicos confirman esta presencia. En los entornos de las Amoladeras y de la Isla Grosa se han encontrado barcos cargados de marfil, estaño, plata, ámbar y otros objetos preciosos. Por su parte, a lo largo de la ribera sur del Mar Menor (Playa Honda, Villas Caravaning, los Nietos, el Carmolí) se han encontrado multitud de restos arqueológicos prerromanos, destacando unas enormes cráteras áticas de cerámica negra con figuras rojas halladas en los Nietos que demuestran el intenso comercio con la civilización griega. Desgraciadamente los restos arqueológicos han sido arrasados y destruidos por la presión urbanística del siglo XX.

También en época romana, ya con la laguna casi cerrada, se atestiguan restos en el entorno del Mar Menor, especialmente en Los Alcázares, cuyo nombre proviene de una extensa villa romana, quizás reutilizada por los árabes en el siglo XI, cuyos restos fueron sepultados a principios del siglo XX.

En la Edad Media la encañizada y las salinas son las principales fuentes de riqueza del Mar Menor, sirviendo la Rambla del Albujón como frontera entre los municipios de Cartagena y Murcia.

A partir del siglo XVI la costa queda despoblada por los recurrentes ataques de berberiscos. Los piratas encuentran en la Manga –poblada entonces de extensos pinares- el escenario perfecto para sus abordajes. Escondiendo sus naves detrás de la Isla Grosa, salían al paso de los barcos que transitaban entre ésta y la Manga, obligándolos a embarrancar en la costa y así, saqueándolos. Por ello se construyó la torre del Estacio (hoy desaparecida) y otras cuantas más, y se deforestó la Manga.

De todas formas, la principal transformación de la laguna se produjo en el siglo XX. Lo que podría haber sido un paraíso natural, con una flora y fauna únicas, con importantes yacimientos arqueológicos, e innumerables recursos turísticos, se ha transformado, por la avaricia de muchos, en una monstruosa conurbación que rodea una albufera degradada.

Desde el pasado verano los medios de comunicación se han hecho eco del mal estado de la laguna, generándose un debate secundario sobre si es prudente o conveniente señalar los defectos de la principal fuente de riqueza de la Región. Pero el foco, acuciado a veces por intereses políticos apenas disimulados, se ha situado sobre la administración regional que, en los últimos años, ha permitido la profunda transformación del campo que circunda el Mar Menor en regadío, lo que ha comportado el aporte masivo de nutrientes, fertilizantes y pesticidas a la laguna.

Se oculta, sin embargo, por ser políticamente menos rentable, la negligente avaricia de las diversas corporaciones municipales de los últimos 40 o 50 años que han encontrado en el urbanismo salvaje de la costa murciana el medio más sencillo de obtener dinero fácil y rápido sin someter el entorno a un desarrollo turístico razonable y sostenible, y sin realizar las obras e infraestructuras necesarias para ello. Este proceso de degradación del Mar Menor, infestado de motores náuticos y sobrepoblado de bañistas, comienza a mediados del siglo XX, en el tardofranquismo, pero se continúa y acentúa en los 70 y 80 bajo las administraciones local, regional y estatal de todos los colores y va acompañado de la construcción de toda clase de espigones artificiales, puertos deportivos, golas artificiales, dragados, etc., que sólo buscaban una mejor explotación turística pero descuidaban la supervivencia geológica y biológica de la laguna, matando así a la gallina de los huevos de oro.

Pero, con ser grave la situación, no debemos mirar sólo el lado negativo. Si errar es de humanos –y nada más humano que la avaricia pública y privada- rectificar es de sabios, y ahora comienza la recuperación biológica de la laguna; la Comunidad Autónoma trabaja en un plan de “vertidos cero”. Si a ello se acompañara la prohibición de nuevas urbanizaciones y el veto a los motores de gasoil, quizás el Mar Menor vuelva a tener la calidad de agua necesaria. Otros desmanes, como el paisajístico o el arqueológico no tienen ya remedio.


@CarmenCeldran

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