DESNUDO DE MUJER

PINCELADAS. Por Zacarías Cerezo.

“La desnudez de la mujer es la obra de Dios”,  William Blake.

Pisé por primera vez los mármoles del Casino hace 45 años, era mi primera exposición en este sitio; portaba una mochila llena de proyectos que con el tiempo fue, adecuadamente, aligerándose. Miraba la noble arquitectura con curiosidad, tratando de comprenderlo todo; pero la arquitectura del Casino, tan ecléctica, tan caprichosa, me resultaba desconcertante. Al llegar al Patio Pompeyano, tan frío, tan pastiche -prefiero un capitel ruinoso de Pompeya al marmóreo patio- el Desnudo de mujer me aportó certezas, me centró. Sentí que en torno a aquella pequeña joya se articulaba todo lo demás: patios y salones. El Desnudo de mujer (1920) me transmite verdad sin artificios. La joven se muestra segura de su belleza y su serenidad me parece una invitación a gozar y celebrar la vida.

Después, siempre que he ido al Casino, he pasado por el Patio Pompeyano a contemplar a la joven en paseo circular y la he encontrado cada vez más hermosa, más actual, más viva. Y, atención, la obra maestra no es de Parxíteles sino de un huertano de la Senda de Granada que comenzó haciendo figuras de belén con el barro de las acequias y alcanzó éxito y reconocimiento internacional con obras tanto profanas como religiosas. Hablamos de un genio de Espinardo llamado José Planes (1891-1974).

Esta pequeña obra maestra me reconcilia con su entorno.


Zacarías Cerezo zacariascerezo@gmail.com

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