UN CURSO ESCOLAR ATÍPICO

MI PUNTO DE VISTA. Por Pilar García Cano.
Introducir docentes en el sistema educativo es un proceso muy complejo, que debe responder a criterios públicos de calidad educativa y de protección de alumnos, familias y profesores
Un curso escolar atípico y con muchas incertidumbres está en marcha, tras seis meses de cierre de los centros educativos. Durante este tiempo se ha hecho evidente que, en las etapas de Educación Infantil y Primaria, la educación presencial es imprescindible.

Las directrices generales consensuadas entre el Ministerio y las Comunidades Autónomas contemplan, entre otras medidas, el menor número de alumnos por clase y la necesidad de más espacios.
En Murcia, la consejera de Educación, Esperanza Moreno, explicó al inicio del curso que se contrataban 700 nuevos maestros para reforzar los 800 ya contratados. Lo que fue aprobado por mayoría en la Mesa Sectorial de Educación. El principal partido de la oposición criticó la decisión por entender que no era de utilidad, ya que dicha Consejería, en sus instrucciones a los centros estableció que irían a clase los alumnos solo cuatro días a la semana (en aquellos grupos que sobrepasen los veinte en infantil y primaria), teniendo los profesores que planificar una serie de tareas fijas para cada semana a realizar en el domicilio familiar el día de no asistencia. A continuación expondré mi punto de vista.


 REDUCIR RATIOS POR LA PANDEMIA TIENE MUCHA DIFICULTAD E IMPLICA NUMEROSOS PROBLEMAS


El sistema educativo es un sistema rígido que debe ser planificado y donde no tiene cabida la improvisación. En el mes de octubre se da por finalizado el curso escolar, y se inicia la puesta en marcha del siguiente (oferta de puestos escolares, construcciones, reformas, equipamientos y otros). De reducción de ratios en educación solo tenemos la experiencia de la de 40 a 25 alumnos, que llevó muchos años aplicarla.

Reducir ratios por la pandemia tiene mucha dificultad e implica numerosos problemas, ya que hablamos de niños pequeños, donde cualquier espacio que habilitemos debe garantizar la seguridad de estos.

Un colegio de infantil de una línea (3 unidades de infantil y 6 de primaria) para bajar la ratio por curso, necesita doblar los espacios, con la dificultad de que los niños de infantil necesitan aseos adaptados y patios independientes. Maestros necesitan 12, ya que hay que tener en cuenta los especialistas. Esto mismo nos sirve para los centros de doble línea (6 unidades de infantil y 12 de primaría), y los de triple línea (9 de infantil y 18 de primaria). A partir de 4 líneas, para no equivocarnos, aunque no son muchos en la Región, debemos duplicar los espacios y el profesorado.

Si estudiamos los datos de escolarización de la Región, que deben ser públicos, podemos saber las necesidades. En Murcia, la Consejería de Educación ha optado por reducir las ratios quitando un día de clase a los escolares (de 25 alumnos tienen clase presencial 20). El quinto día los niños trabajan en casa, medida que impide confeccionar horarios con los especialistas, ya que cada día faltan 5 alumnos.

Yo me pregunto: si la reducción de alumnos repercute en la calidad de la enseñanza y en las familias, ¿para qué se quieren 1.500 maestros, con el coste económico que suponen? Introducir docentes en el sistema educativo es un proceso muy complejo, que debe responder a criterios públicos de calidad educativa y de protección de alumnos, familias y profesores. Y, en principio, parece ser que la única que se protege es la Consejera de Educación, traspasando su responsabilidad a los maestros que son funcionarios.

Yo creo que se deben constituir comisiones de trabajo de ámbito local, presididas por un inspector de Educación y con representación de todos los sectores afectados, donde se debatan los problemas y se busquen soluciones.


Pilar García Cano.

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