“EN EL CAMPO SIEMPRE HAY ALGO QUE HACER”

LA CARA B. Por Antonio Rentero.
“Yo vivía en el campo. Llegaba del instituto y mi padre me reclutaba, salvo si tenía un examen al día siguiente. Ahí me escapaba. Pero en el campo siempre hay algo que hacer.
Recuerdo un año que ya tenía carnet y podía conducir el camión. En una granja siempre hay un camión pequeño. Transportábamos un rebaño y con el camión recogíamos las reses que se iban quedando rezagadas, normalmente porque iban con corderillos. Era una pequeña trashumancia nocturna hacia pastos de rastrojo no muy lejanos. Íbamos sin prisa, por las veredas, al paso que va el ganado.

Con el camión vas detrás del ganado porque si vas delante lo asustas. Es como un pelotón ciclista: los más fuertes quieren seguir siendo los primeros en llegar a un prado y comerse el mejor pasto. Nosotros teníamos que ir con mucho cuidado, prestando atención en la oscuridad. De noche no ves a un cordero que se cansa y se tumba; se hacen un ovillo y se mimetizan con el terreno.


«En aquellos tiempos si querías una longaniza había que esperar tres meses para que llegase la época de la matanza. Y ahora te pones nervioso si un pedido de Amazon tarda dos días en llegar»


La falda de Carrascoy tiene poca densidad de pasto pero tampoco había demasiado ganado. Aun así algunos años sí tenías que ir a otros parajes a buscar pasto. Hubo un tiempo en que se aprovechaba el bosque para pastos, esparto, leña… cuando dejó de dar para vivir algunas familias se bajaron a vivir al pueblo desde el monte, y les conocíamos como los Montés por su mera procedencia geográfica.

Eran épocas en las que las familias aún eran autosuficientes, donde se hacía de todo, como pan para toda la semana, igual que durante el confinamiento, pero había secuencias de alimentación, ciclos vitales a los que no quedaba otra que adaptarse. Si querías una longaniza había que esperar tres meses para que llegase la época de la matanza. Y ahora te pones nervioso si un pedido de Amazon tarda dos días en llegar.

Fuente Álamo era una zona de paso de ganado y se segregó de zonas dependientes originariamente de Murcia, Cartagena y Lorca, constituyéndose como municipio tras siglos solicitándolo. Hace unas décadas ya desapareció, pero el mercado de ganado de Fuente Álamo era muy popular. De hecho, hubo un tiempo en que lo que era la zona de negociación de mercado del ganado eran aulas de lo que luego fue un instituto local.

Antes, con un cebadero de cien madres vivían 2 familias; ahora, con mil madres puede que no dé ni para que viva una única familia, por lo que se está pivotando hacia modelos de integración en que el ganadero pone granja, mano de obra, agua… y el empresario pone la res y todo lo que necesita (alimentación, revisiones, medicamento…). Lo engordas y al salir la res por la puerta cobras una cantidad. Cada vez son menos rentables las granjas pequeñas.

Yo me aburría soberanamente echando horas de pastoreo por el campo. Prefería pegarme una paliza de echar pienso. Cuando terminé la carrera me independicé. Me independicé del campo, digo.

El ciclo de la vida te enseña que las cosas tienen su tiempo. Si las cuidas, el resultado es bueno; si no tratas bien a la res, tiene problemas en el parto, las crías se mueren… Hay que cuidar todo el proceso, no sólo cuando llega el fruto. Darle cariño a la madre es esencial para que la cría salga bien. Es un poco como con los seres humanos, al fin y al cabo.

Me llamo Pedro J. Cuestas, y aunque muchos no lo saben soy ganadero.”


@AntonioRentero

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