BÉRGAMO. LA GRAN DESCONOCIDA

EL TROTAMUNDOS DEL CASINO. Por Eliseo Gómez Bleda.
Os tengo que confesar que descubrí Bérgamo por casualidad, en un viaje cuyo destino era el Lago de Garda y Verona. Observé que, mejor que ir al aeropuerto de Milán, resultaba más económico volar desde Alicante a Bérgamo, con una conocida compañía de bajo coste. A la llegada, alquilamos un coche e iniciamos nuestro tour, sin mirar atrás, por la bella región del Véneto. Pero al terminar nuestro viaje llegamos al aeropuerto con varias horas de anticipación y decidimos visitar esa ciudad cercana y desconocida para nosotros. La sorpresa fue mayúscula. Bérgamo es una preciosa ciudad medieval, rodeada de murallas venecianas, con todas sus calles adoquinadas.

Para que podáis situarla, está a unos 50 kilómetros al noreste de Milán y pertenece a la región italiana de la Lombardía. Para completar el viaje podéis ir a sitios cercanos, por ejemplo al lago de Garda, Mantua, Verona, Vicenza, Padua o, incluso, Venecia.

Tras descubrirla me prometí que tenía que volver a esta maravilla de ciudad y ya lo he hecho dos ocasiones más, pero preparado y con el tiempo suficiente para disfrutar de ella.

Bérgamo está dividida en dos ciudades: la Città Alta y la Città Bassa. Aunque la “ciudad baja” tiene sus atractivos, nuestro destino es la Città Alta, creada en el año 49 a.C. Ambas están unidas por un funicular que las conecta en unos minutos. También se puede subir andando, aunque no os lo recomiendo. Otra opción es el coche, pero aparcar allí es complicado. Nosotros dejamos el coche en un parking de pago, muy céntrico.

Città Alta.

Uno de sus mayores atractivos es pasear por sus callejuelas estrechas, pensando en su historia. En el siglo V fue arrasada por el mismísimo Atila. En el siglo XIV pasó a formar parte de Milán y, posteriormente, de Venecia. Fue asediada por franceses y españoles y ocupada por las tropas de Napoleón. Después pasó a manos de Austria y, ya en 1859, formó nuevamente parte de Italia, gracias a su reconquista por Giuseppe Garibaldi.


La ciudad de Bérgamo y sus murallas son Patrimonio de la Humanidad


Empezamos nuestro recorrido por la “ciudad baja”, moderna y contemporánea. La plaza de Dante Alighieri es su centro neurálgico. Allí encontramos el Palacio de Justicia, la sede de la Banca Italiana y la Cámara de Comercio, todo rodeado de bonitos jardines.

Pero quizá lo más auténtico sean las calles San Tomasso, Pignolo y Pelabrocco, llenas de pequeños palacetes, con sus fachadas decoradas con bonitos frescos.

Cerca de aquí visitamos la Academia Carrara, una de las pinacotecas más importantes de Italia, con obras de pintores como Rafael, Botticelli, Mantegna o Bellini, entre otros.

Pero como estábamos muy impacientes por conocer la verdadera joya, que es la “ciudad alta”, nos fuimos hasta el viale Vittorio Emanuele II para coger el funicular del siglo XIX –en el que se vislumbran unas maravillosas vistas- que nos trasladó a la “ciudad alta”, a la plaza del “Mercado del Calzado”. Por cierto, me encantó la cafetería del edificio del funicular, que además de ser muy antigua, tiene una terraza desde donde divisamos la “ciudad baja”.

Funicular para subir a la Città Alta.

Café del funicular.

La ciudad medieval es una especie de conjunto de calles empedradas en las que es muy difícil perderse, ya que tenemos dos ejes: el norte-sur, formado por las calles San Lorenzo y Mario Lupo; y el eje este-oeste, con las calles Gombito y Colleoni, separadas por la Piazza Vecchia, que es donde comenzamos nuestro recorrido. Esta plaza es el corazón renacentista de esta ciudad del medievo. El arquitecto suizo Le Corbusier comentó de ella que no debería tocarse ni una sola piedra, pues es una de las plazas más hermosas de Italia. Al pisarla nos fascinó su hechizo. Os recomiendo pasar un rato sentados en una terraza, viendo el ir y venir de sus visitantes.

Tenemos varios atractivos en la plaza, uno de ellos es la Torre Cívica, construida entre los siglos XI y XII. Es interesante subir para poder divisar todo Bérgamo y los cercanos Alpes, cubiertos de nieve. La torre también es llamada la Campanone, debido a que guarda la mayor campana de toda Lombardía. Todos los días a las 10 de la noche suenan 100 veces las campanas, para recordar la llamada a los campesinos. Antiguamente sonaban 1008 veces, pero molestaban tanto que las tuvieron que recortar.


Desde lo alto de la Torre Cívica se divisa todo Bérgamo y los cercanos Alpes, cubiertos de nieve


En la plaza también encontramos el Palazzo della Raggione, el Palazzo Nuevo y la preciosa fuente Contarini.

Salimos de la plaza, por el lado del Campanone y en unos metros nos tropezamos con un conjunto de iglesias maravilloso, que casi se rozan entre ellas: la Basílica de Santa María la Mayor, la Capilla Colleoni y la Catedral de Bérgamo.

Piazza Vecchia


La Piazza Vecchia es el corazón renacentista de esta ciudad del medievo


La bella Basílica se construyó en el año 1137, como agradecimiento a la Madonna, que protegió a los bergameses de una epidemia de peste que asoló Europa en el año 1100.

La capilla Colleoni es una de las obras maestras del Renacimiento italiano. Su belleza es espectacular, tanto exterior como interior. La fachada es una combinación de mármoles blancos y rojos. En su interior tiene varios sarcófagos de mármol.

La Catedral de Bérgamo (San Alejandro), en la plaza del Duomo -muy próxima a la Basílica- está repleta de obras de arte. La más destacada es la tiara del Papa Juan XXIII, de oro y tachonada con perlas, rubíes, diamantes y esmeraldas.

Después de estas visitas volvemos a la Piazza Vecchia y accedemos a la vía Gombito y a la vía Bartolomeo Colleoni, llenas de tiendas, confiterías y restaurantes. Seguro que sus escaparates llenos de dulces y comidas típicas os abrirán el apetito.

Vista de la Città Bassa

Además de las pizzas y la carbonara, existen otras muchas comidas típicas del norte de Italia que os encantarán. Por ejemplo, los “casoncelli alla bergamasca”, y os voy a revelar los ingredientes: son una especie de raviolis rellenos de carne, condimentados con salvia, queso parmesano, ajo y panceta; el relleno, además de carne de ternera, lleva miga de pan, huevos, queso, salami, pasas, peras y especias. La comida ideal para afrontar las grandes cuestas de la ciudad.

Entramos a comer al bonito restaurante “Da Mimmo”, que nos encantó. También me aconsejaron la “trattoria de Ornella”.

Después de comer, paseamos un rato por las animadas callejuelas y no nos pudimos resistir al espectáculo de las confiterías. En todas vimos un dulce que se llama “polenta e osei”. Se compone de unas capas de bizcocho esponjoso, que se alternan con un relleno de chocolate, avellanas y licores, cubierta con una masa de mazapán amarilla y decorada con almendras de chocolate. Otros dulces para no perderse son las tartas Donizetti y Treviglio.

Seguimos descubriendo la ciudad y nos desplazamos hasta la Meridiana monumental del Palazzio della Raggione. Es un reloj de sol llamado “la cámara oscura”, ya que no es una sombra la que nos indica la hora, como es habitual, sino un rayo de luz, que penetra por un agujero realizado en un lugar exacto.

Torre del reloj

Os sonará a todos “la bergamota”, que tomó su nombre de Bérgamo, ya que aquí se vendía originalmente. Es una fruta mezcla entre la lima y naranjo, con forma de pera y color amarillo, y una vez prensado produce un aceite esencial, que se utiliza para perfumes, saborizante y como repelente de plagas.

El clima es bastante duro en invierno, debido a su cercanía a los Alpes. En verano hace bastante calor, lo mejor es visitarlo en primavera y otoño.

Paseando por sus calles y plazas, descubrimos un antiguo lavadero en la vía Lupo. Es una larga tina de mármol, dividida en varias partes, con un elegante techo de metal. Se construyó a finales del XIX para ayudar a mejorar las condiciones higiénicas de la ciudad, que había sufrido varias epidemias de cólera. Los médicos de la época pensaron que las enfermedades se debían a la pésima calidad del agua de la Città Alta.

Otras de las visitas ineludibles es el castillo de San Virgilio. Si podéis, subid a la hora del atardecer, veréis una hermosa puesta de sol con las montañas cercanas. Con otro funicular, el de san Virgilio, fuimos a la zona más burguesa de la ciudad, repleta de grandes mansiones.

Hay varias opciones para escoger hotel. Si os queréis dar un capricho podéis escoger el “Relais San Lorenzo”, en la Città Alta. El “NH Bergamo” está cerca de la estación. Si preferís estar a un paso del aeropuerto, os recomiendo el “NH Orio al Serio”.

Un consejo, si no hacéis noche en Bérgamo y lo visitáis de regreso de un recorrido por Lombardía y el Véneto, podéis dejar las maletas en la consigna de la estación de tren y recogerlas antes de ir al aeropuerto.

Estoy seguro de que os gustará esta pequeña y maravillosa ciudad, llena de historia y belleza. Buen viaje amigos.


RECOMENDACIONES DE ELISEO
– Tomar una polenta e osei, en la confitería Nessi.
– Degustar un vino en la terraza de la estación superior del funicular, con excepcionales vistas.
– Subir al Campanone y oír las campanas sobre nuestra cabeza.
– Saborear un helado de stracciatella, en la heladería Marianna.
– Buscar frescos en las fachadas de los palacios que hay por toda la ciudad.


Eliseo Gómez Bleda.

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