AQUEL VERANO DEL 42

2017NUESTRO REAL MURCIA. Por Damián Mora.

Los años de posguerra en Murcia son de pobreza en todos los sentidos, años de renuncias, de sacrificios y de cartillas de racionamiento. La guerra ha terminado pero los jinetes del Apocalipsis siguen cabalgando sobre la España Imperial, autárquica y del piojo verde. El DDT, diclorodifeniltricloroctano, es el pesticida que se viene aplicando desde el final de la contienda para el exterminio de chinches, pulgas y demás parásitos portadores de enfermedades comunes a la miseria en que se desarrolla la vida cotidiana de posguerra. Aunque, en teoría, ese hallazgo de Paul Müller también habría de mostrarse eficaz contra los piojos, o no hay suficiente DDT o no vale contra esa muerte verde que amenaza a los súbditos más pequeños del nuevo Estado.

Entre tanta tristeza y desolación aparece el fútbol como elemento generador de sentimientos y entretenimiento. De bálsamo purificador de recientes recuerdos imborrables. Tan es así que en los albores del verano del 42 se produce un hecho deportivo que hoy sería inimaginable: Nuestro Real Murcia, para intentar nuevamente el ascenso a la Primera División tuvo que jugar la promoción contra, nada más y nada menos, que el F.C. Barcelona, que había quedado antepenúltimo en la Liga de los mejores recién acabada.

El delantero centro del F.C. Barcelona Martín consigue deshacer el empate a uno ante la mirada del capitán murcianista Sierra y el guardameta Suárez.

Se juega a partido único, en el viejo campo madrileño de Chamartín, y es arbitrado, ¡cómo no!, por el ínclito Pedro Escartín. Paradojas de la vida, una semana antes y en el mismo escenario deportivo, el F.C. Barcelona había jugado y ganado la final de la Copa del Generalísimo contra el Club At. Bilbao por 4-3.

Sabido es por los futboleros que los tres únicos equipos que siempre han jugado en Primera División son el Real Madrid, el F.C. Barcelona y el At. Club de Bilbao. A punto estuvo nuestro Real Murcia de romper esa estadística cuando en el minuto 15 de la primera parte el delantero centro pimentonero Huguet hace el primer gol de partido. Desde ese momento y hasta el minuto 17 de la segunda parte, en que se produce el empate, el F.C. Barcelona fue equipo de segunda división.

La incredulidad y el desasosiego en la hinchada desplazada desde Barcelona tomaba tintes épicos. Hasta que el delantero centro barcelonista Martín, que había sido el máximo goleador de Primera División esa temporada, hace el empate y a continuación realiza dos goles más, no llega la tranquilidad al bando catalán. Finalmente, el resultado de 5-1 no hace justicia a lo que se vio en el campo.

Las portadas de los diarios deportivos de tirada nacional “Marca” y “Mundo Deportivo” son dedicadas al partido. Sin embargo, en Murcia, la prensa deportiva fue más allá. Se empezaba a especular y sospechar de algún “amaño” por parte de algunos jugadores catalanes del equipo huertano. Sobre todo, cuando en el descanso, con victoria murcianista, sonaron todas las alarmas en la expedición catalana. Pero ciertamente nunca se pudo demostrar la más mínima prueba de dicha especulación por lo que se acató la derrota con deportividad, eso sí, orgullosos del monumental susto dado al superequipo catalán.


Damián Mora

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