APROVÉCHATE

CICUTA CON ALMIBAR. Por Ana María Tomás.
El diccionario define la palabra “aprovechar” como el empleo con utilidad de alguna cosa y, por lo visto, John Brandrick, un supuesto moribundo, quiso “aprovecharse”, a su manera, de los bienes que la Vida le había dado, puesto que era, precisamente, la vida lo que se le acababa. Le diagnosticaron un cáncer y le auguraron un corto plazo por este mundo. Así que, a él, imagino que como a muchos de nosotros, no se le ocurrió mejor idea que llevarse a la tumba un cuerpo bien trabajado, pero a base de juergas y vacaciones. Dejó de pagar su hipoteca y se dedicó a vivir a cuerpo de rey gastándose una fortuna en restaurantes, viajes y hoteles, junto con su mujer. Pero… un año después, donde dijeron cáncer, dicen pancreatitis perfectamente curable y se quedan tan panchos.

A ver, probablemente al buen hombre y a su mujer los médicos patateros les dieran una alegría pero, claro, la idea de pasar el resto de esa variable y caprichosa vida entre rejas a causa del pasotismo que le produjo la cercanía de la muerte… pues, como que no pinta muy bien la cosa.

Es posible que el pobre Brandrick esté tan aturdido que no le queden demasiadas ganas para reflexiones profundas pero, desde la barrera, la cosa se ve como una de esas increíbles paradojas de la Vida.

Sostengo que la inmensa mayoría de personas a las que, aparentemente por desgracia, se les diagnostica un cáncer, suelen aprovechar cada minuto de su vida extrayendo hasta el último de su jugo, no exactamente como nuestro hombre pero sí disfrutando de cada día como si se tratara del último. Lo cual nos lleva a pensar que el ser humano es mucho más imbécil de lo que conscientemente imaginamos o creemos. Pensar que vamos a morir pronto para cambiar el absurdo pelaje de no saber vivir, además de estúpido es incongruente puesto que todos vamos a morir, y hoy puede ser nuestro último día.

Quizá, parte de esa incongruencia es el desconocimiento de lo que queremos en la vida, de lo que pensamos que es la felicidad, de la inadmisible idea de muchos filósofos de que ser feliz es poco menos que ser un simple y majadero mentecato, de pensar que todos nuestros problemas los arreglaría una buena bonoloto -cuando más del cincuenta por ciento de las personas “afortunadas” por este tipo de premios confiesa años después que el dinero ha arruinado su vida-.


Se vive con la absurda idea de que la felicidad es algo que nos vendrá después de haber logrado algo que aspiramos


Se vive con la absurda idea de que la felicidad es algo que nos vendrá después, siempre después, de haber logrado algo que aspiramos y, claro, con esa idea, si nos dicen que nos quedan dos telediarios, de lo único que nos entra ganas es de pegarle fuego a la tele a base de juergas y descontrol.
A veces, descansar en paz no lo hace sólo el que se va, sino la que queda, y de igual manera no siempre vive más quien tiene la vida más larga, y si no, que se lo digan a John Brandrick, quien en un año ha dilapidó más vida que sumando todos los años de los inquilinos de cualquier geriátrico.

Por tanto, mis queridos lectores, aprovéchense, que nadie sale vivo de esta vida.


Ana María Tomás.

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