EL ANFITEATRO DE CARTHAGO NOVA

DE MURCIA AL CIELO. Por Carmen Celdrán.
Cuenta Tito Livio que el general Escipión, cuando conquistó Carthago Nova, en el siglo III a.C., organizó unos juegos fúnebres en homenaje a su padre y a su tío, caídos en combate, que supusieron los primeros espectáculos de gladiadores que se celebraron en Hispania y quizás, según los estudiosos, de los primeros realizados fuera de Roma. En ellos no pelearon esclavos, como era habitual, sino guerreros romanos que quisieron honrar a sus generales así como nobles íberos que, a modo de duelo, quisieron solventar sus diferencias por la espada, lo que -según el historiador romano- ofreció un espectáculo fastuoso.

Con la toma de Carthago Nova, los romanos acabaron con su poderoso rival en el mediterráneo y comenzaron la conquista de Hispania, por lo que la conquista de la ciudad se presentaba como un acontecimiento que debía deslumbrar a los nativos por su magnificencia y poder.

Cuando Tito Livio nos cuenta los juegos organizados por Escipión nos advierte de que fueron grandiosos a pesar de los precarios medios del campamento. Efectivamente, es poco probable que la ciudad cartaginesa contase con un anfiteatro digno de un espectáculo como el narrado por Livio y que las luchas de gladiadores se realizaran en el campamento militar, o en alguna construcción de madera más o menos improvisada, al estilo de las plazas de toros portátiles que se instalan en los pueblos.

Faltan aún casi 300 años para que el emperador Vespasiano levante el Coliseo en Roma. Sin embargo, es posible que la tradición de celebrar juegos de gladiadores arraigara en la recién conquistada Cartagena, puesto que el equipo de arqueólogos dirigido por Francisco Matallana, arqueólogo consagrado, acaba de encontrar, en la excavación de la plaza de toros de Cartagena, lo que podría ser parte del pódium de un primitivo anfiteatro construido con adobe hacia el siglo II a.C. Sobre él, los romanos del siglo I d.C. construyeron un lujoso anfiteatro con piedra de las cercanas canteras a la par del fastuoso teatro ubicado pocos cientos de metros al oeste. Juntos demuestran el enorme valor que la ciudad tenía para los romanos en la época de Augusto.

Francisco Matallana.

Como sabemos, el teatro fue arrasado por un incendio, en el siglo II d.C. y sus sillares reutilizados en la Edad Media, quedando finalmente olvidado y sepultado hasta los años 90 del siglo XX en que fue reencontrado. Por su parte, el anfiteatro fue abandonado sin que resultara destruido ni, por lo que sabemos, reutilizado, más allá de sus elementos decorativos que fueron expoliados. Las ruinas del anfiteatro se utilizaron como cementerio o fosa improvisada en tiempos de epidemias y finalmente, en el siglo XIX se construyó sobre las mismas, la plaza de toros de Cartagena, una de las más antiguas de España, cerrada finalmente en 1986.

Ahora, después de alguna intervención puntual, el equipo de arqueólogos dirigido por Fernández Matallana está descubriendo el anfiteatro romano sepultado por la plaza de toros con la sorpresa de que, bajo la arena y los muros del coso, se encuentran, casi intactos, los pasadizos y estancias del monumento augusteo, e incluso los restos de la obra más antigua de adobe. Tras la última campaña, realizada este invierno, la excavación se encuentra detenida, como siempre, por falta de presupuesto, pero los hallazgos permiten ya a los expertos hablar de un yacimiento único en España, cuyo potencial económico y turístico puede ser enorme si las autoridades se deciden a apoyar su excavación y puesta en valor. Esperemos que así sea.


@CarmenCeldran

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